Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Muy considerada y venerada dama Ignacia:

Mi nombre es Eleuterio Sandoval, y soy un hombre de edad mediana que ha consagrado su existencia a los placeres, inalcanzables para el vulgo, de los portentosos prados de la poesía y la literatura. Así es. Mientras en lo que ustedes conocen como el «mundo real» me basta con un mínimo de alimentos y posesiones materiales, en los parajes del espíritu he vivido, muerto y reencarnado cientos de veces, desdoblándome en las gestas y vicisitudes de héroes y heroínas, llorando y riendo con ell@s, estremeciéndose mi alma hasta niveles con los que la masa jamás podría soñar. Puedo decir sin vergüenza, con Chéjov, que la literatura ha sido mi amante, mas al ser una amante celosa y posesiva, no me ha concedido tiempo ni energías para prodigarme en los placeres de la carne. He sido casto y célibe, y a cambio he obtenido recompensas espirituales sin parangón alguno.

Sin embargo, ¡al parecer hay esperanza para los de mi estirpe! Recientemente leí acerca de un estudio japonés donde se establecía que las personas que ponen mayor atención a las reglas gramaticales, poseen un mayor instinto sexual. ¡En el fondo siempre supe que en mi alma yacía un tigre esperando para ser despertado! Mi pregunta es, ¿cómo me recomienda que busque a las damiselas rebosantes de pureza que desearían ser agraciadas con mis dones?

Híjoles, don Eleuterio.

Mire, la verdad es que, o sea, ¡ternuritaaaaaaaa! Que un hombre de edad mediana confiese públicamente que nunca ha hecho sentir una mujer de verdad a una mujer de verdad, o sea, mi vidaaaaaaa, ora sí que se necesitan pantalones para salir del clóset con una confesión de ese tamaño (dígame por favor que aunque sea le ha hecho caso a la Madonna y puede decir que I touch myself, porque si no su caso está más grave de lo que pensaba). Y pues no sé bien qué responderle. O sea, por un lado, yo en mis años mozos tuve un profesor de ética que como era medio mochila nos decía que la naturaleza es bien sabia, y que aunque en general si uno no usa un órgano, pues se nos atrofia, en el caso de los órganos reproductivos Diosito había organizado las cosas de manera que pudieran estar, como usted bien dice, adormecidos, y cuando llegara el momento podían despertarse sin problemas.

Pero no nos hagamos mensos. No me quiero ni imaginar la situación donde usted, después de una cenita a gusto en un restaurante exclusivo, con su buen vinito y plática coqueta para preparar el terreno para lo siguiente, empezara a sudar todo nervioso, sin saber ni qué hacer con la mujer que tuviera enfrente. Y es que tiene que entender que las mujeres de verdad somos santas pero no tarugas, y cuando ya tenemos nuestro kilometraje recorrido, pues no estamos dispuestas a soportar un fiasco como el que usted seguramente llevaría a cabo a la hora de la verdad. Yo sinceramente le recomiendo que ya mejor se quede en la banca de por vida, y cómprese el libro de las sombras de Grey o los de los vampiros adolescentes pornográficos, y hágales el amor en su cabeza a las damitas, o hasta permítase ver a dónde lo lleva su imaginación, porque capaz que lo que lo emociona son los músculos del Christian Gray o la mirada bien perversota del Robert Pattinson haciéndola del vampiro más sexy de la historia. Si como usted comenta tiene bien desarrollada la imaginación, ya con eso satisfágase y no se exponga a hacer el ridículo, porque no hay nada más terrible en esta vida que la furia de una mujer decepcionada porque no le cumplieron. Hágame caso y no lo averigüe, mejor continúe retozando en sus praderas de la poesía, que ya verá que ahí la gente como usted vive más feliz.

Hazle una pregunta a la prima Ignacia.
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ignacia@sextopiso.com

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