Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Estimada señora Ignacia,

Fíjese que el otro día me mandaron por whatsapp uno de esos mensajes de voz para morirse de la risa, y desde entonces mi vida se derrumbó. Resulta que era una señora que hablaba para quejarse de que desde le hicieron un exorcismo Satanás había salido de su cuerpo y de su alma, y se sentía profundamente triste y todas las noches
intentaba realizar algún conjuro para volver a recibir al maligno en su ser. Pero eso no es lo peor. La voz que cada vez me resultaba más familiar decía que nunca se había sentido tan complacida como mujer como por Satanás y que, claro, su marido no podía competir con él en modo alguno. Cuando escuché la palabra «marido» me di cuenta de la voz era la de mi esposa, y que era ella quien había llamado al programa para exponer esta situación. Yo en general me considero liberal, pero he escuchado miles de veces el mensaje, y no consigo hacerme a la idea de que mi esposa haya tenido un affaire con Satanás. ¿Qué debo hacer?

Gonzalo Pineda

Estimado Gonzalo,

Ahora sí que entre tú y tu mujer se volaron la barda. Yo creo que deberías aprender a leer entre líneas un poco. O sea, y si no está completamente loquita y de verdad se estuvo dando sus revolcones con el chamuco, pues ahí sí que la vas a tener más difícil para complacerla de ahora en adelante. Se me ocurren dos cosas. La primera es que lo hables con ella con toda confianza, y a lo mejor si entre los dos van a una misa negra o alguna de esas cosas, al maligno se le vuelve a antojar tu mujer y quién quita y hasta pueden hacer unos juegos sexuales bien divertidos entre los tres. Ahora que en el caso de que tu mujer esté completamente tocadiscos y se lo esté inventando todo, pues ahora sí que vas a tener que sustituir sus fantasías para que no te sientas tan acomplejado. Lo más fácil es que te compres una máscara de esas como de Halloween y te disfraces de algún monstruo o algún demonio, y ver si eso funciona. El problema, y no lo digo con ganas de desanimarte, sino te lo digo como el mujerón que soy, es que más bien se me hace que tu esposa se está quejando indirectamente de tu tamaño, if you know what I mean, y ahí sí pues no hay mucho qué hacer. Me contó una amiga que ahora hacen como unos implantes, pero pues sería bajo tu propio riesgo, u otra opción es que le compres el Rabbit que usaban las diosas de Sex and the City, y que le eches muchas ganas para tratar de ir haciendo que poco a poco se olvide de su tórrido romance con el Señor de las Tinieblas. Mucha suerte, ¡que la vas a necesitar!

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