Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Estimada prima Ignacia,

Perdóname que te escriba nuevamente, pero las veces anteriores tus consejos realmente me han salvado la vida, así que recurro a ti nuevamente, desesperado, en busca de ayuda. Fíjate que como te he comentado anteriormente, vivo en Londres, y la verdad me ha costado mucho trabajo adaptarme y que me acepten en este país, pero ahora he logrado realizar mis objetivos y me siento como una persona plena. Y, claro, como a todo el mundo, me gusta mucho cuando vienen por aquí mis seres queridos para acompañarme y apreciar mis logros, pero tengo un amigo que cada vez que viene me molesta mucho, y aunque sé que no lo hace con mala intención, como que no me gusta que se burle de mi estatura ni de mi escasa cabellera, ni de otras cosas que mejor aquí no te pongo porque como que me da penita. Ahorita no le quiero decir nada, porque sí me dejó con la autoestima baja, y muy vulnerable, pero te quería preguntar si cuando mi corazoncito se recupere le debo de decir algo, ¿o más bien crees que sea de esos brutos insensibles que ni lo va a entender, y nada más me va a hacer más bullying?

Gracias prima,
Manuel Padilla

Ay Manuelito, no te preocupes que llegaste al lugar indicado. ¿Te acuerdas de esos anuncios que decían que si alguien te hacía alguna proposición indecorosa, o te tocaba en las partes que no debía tocarte, tuvieras mucho ojo, te alejaras, y se lo contaras a quien más confianza le tuvieras? Pues ahí tienes ya tu respuesta, cosita, porque suena como que tu amigucho ese, por más que a lo mejor como que sí pueda ser más «Gente Como Uno» que tú, es de los típicos depredadores que nada más van por ahí buscando almas timoratas y agachonas como la tuya, para aprovecharse a la primera, y la verdad es que tampoco es plan. Así que si regresamos a los consejos que nos daban en el Canal 5, lo positivo es que ya tuviste mucho ojo y ya se lo contaste a quien más confianza le tienes (o sea yo, la prima Ignacia), así que como se ve que tampoco eres como que muy trucha, yo misma te digo cuál de las tres cosas te falta: ¡¡alejarte, Manuelito!! Corre como Forrest Gump hasta que ese pelafustán ya sólo sea un juguete arrumbado en el baúl de los recuerdos feos, de esos a los que queremos decirles «Fúchila, vete de aquí y no me molestes más», y mejor intenta relacionarte con gente que te aporte puras cosas positivas, para que puedas alojarlos en ese corazoncito tan maravilloso que tienes. Y es que una cosa sí te digo: que aunque no puedas tú bien darte cuenta, ese corazoncito compensa por mucho a todas las demás carencias que me comentas. ¡Échale ganitas, tesoro, y verás que saldrás adelante!

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