Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Estimada señora Ignacia,

Seré breve. Soy una mujer de edad mediana que desde muy joven desarrolló una pasión por el aguacate, en todos los sentidos, así que he consagrado mi vida a esta fruta tan deliciosa como enigmática, y todo mi departamento está decorado en torno al aguacate, me visto a diario de su melancólico color, y no he pasado un solo día de mi vida adulta sin entregarme al menos una vez al día a su incomparable placer. Sin embargo, ahora mi idilio se ve amenazado por el cruel incremento en su precio, que lo ha vuelto incomprable para gente común como una. Intenté convocar a una marcha por mi cuenta de Facebook, y aunque tuve muchos likes, el mero día sólo llegamos yo, mi mamá y una tía. Dígame por favor cómo puedo luchar contra esta arbitraria medida, que ha puesto en juego el propio sentido de mi existencia. Gracias.

Su segura servidora,

Mercedes Arredondo

Estimada Mercedes,

Yo también seré breve pues además, no sé si viste la carta anterior, pero no estoy de humor como para este tipo de estupideces. ¿Has consagrado tu vida al aguacate? ¿Tienes tu casa decorada con motivos de aguacates? ¿Te vistes, te visteeeeeeeeees, de color aguacate? (Sólo por curiosidad, ¿cuándo tuviste tu último novio?: ¿en el Paleolítico o en el Mezozoico?, jajajaja). ¿Comes diario aguacate? Uf, no quisiera ni ver el estado en el que debe encontrarse tu cutis.

Pero, como ya lo dije, seré breve: Get a fucking life y no me molestes con este tipo de pendejadas, que ya bastante tengo con problemas reales como para encima tener que preocuparme por cuestiones como esta. Ahora que si de verdad es una cosa de vida o muerte, ¿por qué no te organizas como los rufianes esos de los huachicoleros, y creas bandas de robo de aguacate por toda la república, para así sumarte al caos y al desmadre en el que transcurre nuestra pobre vida nacional? Adiós y, por lo que más quieras, no vuelvas a escribirme nunca más.

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