Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Apreciada señora Ignacia,

Soy un editor de origen colombiano, que reservará su identidad por motivos profesionales, pero aún así quisiera exponerle mi dilema. Fíjese que acudí hace poco con un amigo a un festival de música en un pequeño pueblo de Holanda, ubicado en un bosque idílico, con un lago a un costado de los escenarios. El caso es que la primera noche ingerimos MDMA, y a causa de mi naturaleza indomable, me negué a escuchar las advertencias del dealer, quien nos había dicho que en su patria era más fuerte de lo acostumbrado en otros lugares. A partir del enésimo dedazo se me borran los recuerdos, y lo siguiente que supe fue cuando desperté en calzones a orillas del lago, abrazado por dos mancebos holandeses desnudos, que intentaron ofrecerme explicaciones sobre lo sucedido, pero por desgracia ni ellos hablaban español, ni yo holandés, y lo único que pude comprender fue algo así como «Kalmte, Santiago, kalmte», pero no sé bien qué quiere decir. ¿Cree que deba acudir con un hipnotizador para que me ayude a recordar lo sucedido durante esa noche, o será mejor ya dejarlo por la paz?

Atentamente,
S. Tobón

Estimado señor Tobón,

Por desgracia, me temo que no puedo serle de ninguna ayuda, pues desconozco a qué se pueda referir eso del MDMA. Por el tipo de gente locochona que va a esos festivales de perdición, intuyo que pueda tratarse de algún tipo de droga, pero mi alcurnia y mi decencia me impiden indagar más allá, pues no quiero contaminar mi mente con las cochinadas que llevan a la juventud a los actos de depravación como el que me comenta. Yo por eso me confío a mi fiel Rivotril, que nunca me jugaría tan chueco como para que me pasara algo así. (Aunque, aquí entre nos, si alguien me garantiza que tomando alguna de esas mafufadas fuera a amanecer en calzones, en brazos de dos mancebos holandeses desnudos, estaría dispuesta a reconsiderar mi postura). Yo le recomiendo que siga los consejos de José José, cuando nos estremece cantando: «Ya lo pasado, pasaaaadooooooooooo, no me interesaaaaaaaa», y más bien trate de aprender de la experiencia. Esperemos en Dios que los mancebos hayan sido gente decente y no abusaran de su indefensión o, si no, que hayan usado protección, o ya de perdis que no tengan esas cosas del Sida ni nada por el estilo. Pero, siento decirlo, si no es el caso y a causa de esa noche está condenado a arder por la eternidad en las llamas del infierno, se lo tendrá bien merecido. Saludos y mucha suerte.

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