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Aceitunas, o el blues del fin-del-mundo | Etgar Keret

Por Etgar Keret

El mundo está a punto de acabarse y yo como aceitunas. El plan original era pizza, pero cuando entré en el supermercado y vi todos los estantes vacíos, me di cuenta de que podía olvidarme de conseguir masa para pizza y salsa de tomate. Traté de conversar con la cajera en la línea express, una mujer mayor que hablaba en español con alguien por Skype, pero me respondió sin siquiera mirarme. Se veía deshecha. “Compraron todo”, murmuró, “sólo quedan tampones y pepinillos”.

Lo único que en verdad había en el estante de los pepinillos era un solitario frasco de aceitunas rellenas de pimiento, mis favoritas.

Para cuando regresé a pagar, la cajera estaba llorando. “Es como una hogaza de pan caliente”, dijo, “mi pequeño y dulce nieto. Nunca lo volveré a ver, jamás volveré a disfrutar su olor, nunca más podré abrazar a mi nene”.

En lugar de responder, puse el frasco en la banda automática y saqué un billete de cincuenta de mi bolsillo. “Está bien”, le dije cuando me di cuenta de que no iba a tomar el billete, “no necesito cambio”.

“¿Dinero?”, me respondió con un bufido, “¿el mundo está a punto de acabarse y tú me ofreces dinero? ¿Qué se supone que debo hacer con él exactamente?”.

Me encogí de hombros. “En verdad quiero estas aceitunas. Si cincuenta no es suficiente pagaré más, lo que sea que cuesten…”.

“Un abrazo”, me interrumpió la cajera bañada de lágrimas y me tendió los brazos, “te costará un abrazo”.

Ahora estoy en casa, sentado en mi balcón, mirando la televisión, comiendo queso y aceitunas. No fue fácil sacar la televisión hasta acá, pero si hasta aquí llegamos, entonces creo que no hay mejor forma de partir que bajo un cielo estrellado y una nefasta telenovela argentina. Es el episodio 436 y no conozco a ninguno de los personajes. Son hermosos, son muy emotivos, y se están gritando el uno al otro en español. No tiene subtítulos, así que es muy difícil comprender por qué se están gritando. Cierro los ojos y pienso de nuevo en la cajera del supermercado. Cuando nos abrazamos, intenté ser más bajito y más cariñoso de lo que en realidad soy. Traté de oler como si fuera un recién nacido.

Traducido del inglés por Diego Rabasa

Imagen «La casa de las aceitunas» by Matias-Garabedian is licensed under CC BY-SA 2.0

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