Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

Adentro la batalla (fragmento) | Grecia Cáceres

Runa Simi

 

lengua de miel
hoja de coca
aire de pureza insoportable
puñal en la garganta
mi lágrima
cae
infinita sobre la herida
cimas que se pierden en el
horizonte
claro
llega al paso
el hombre que se eleva de la tierra
construye gime canta
así se agiganta
en el ande
se mantiene
en vilo
encanta los montes
levanta un cántaro
bebe
sigo rastros
me pierdo
algo en mi oído
recuerda antiguos sones
mi propia sangre labra
los desiertos
vuelve la danza
pies que repiten el paso
invariable
un hilo de voz
como de ave

un recuerdo más allá de la luz
diurna
algo antiguo secreto pulido
una lengua de miel
que me acaricia
desde antes
desde la cuna

antes del español
estaba el runa simi
sin saberlo
sin tocar las cuerdas
sólo de oídas
una lengua hecha
de piedra pulida por las aguas
repetidas por el imperio

donde alguna vez estuvimos
sigue cantando el río

yo
de vez en cuando
me inclino y lloro
lágrima que es de
matrimonio cruel
ahora que escribo.

***

Mi esposo duerme fuera
bajo el firmamento entero
mi esposo está de paso
calla
en algún valle remoto
piensa en mí
supongo
imaginando encierros y castigos

mi esposo duerme siempre
al aire libre
nadie puede contener su aliento
se forja de espacio ancho y de corrientes
aguas

no tolera el encierro
abre ventanas hasta en invierno
se mueve anda corre salta
me incita con voces a la caza
remueve el piso
salta tres escalones
cae siempre de pie
duerme de un tirón
jala las mantas
me deja fría
buscando una hoguera
a su flanco
solo él logra calentar mis pies
hace tanto
que está lejos de mí
mis pies
abandonados
que de sólo mirarlos
me da vértigo

él se fue una mañana
resoplando
susurrando adioses y mentiras
sacó su cuerpo de la torre del recinto
de la capilla del ámbito del jardín
de la muralla del puente
de lo posible
hasta volverse un punto
al borde de la arboleda
que da al poniente

no lo vi
adiviné su paso
alejándose
la fiesta de su sangre animada
a golpe de zancada

nada lo retenía
ni mis palabras ni el manto que cobija
ni el muro que protege del viento
ni un techo seco ante la intemperie
ni mi cuerpo
pegado a su cuerpo
ni mis letras susurros o llantos
ni el nombre que le grabé en el muslo
ni las sábanas limpias ni la sangre
que se mezcló

él duerme
porque quiere
bajo los astros
sobre la roca
en gruta secreta
o bajo la fronda
y su sueño
cae de golpe
cortando la hora de raíz
decapitándome.

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