Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

Al Señor Cerdo y Johnny Raudo

Estimada señora Ignacia,

Como probablemente ya es de su conocimiento, los abajo firmantes hemos realizado en este número nuestra última entrega para Reporte Sexto Piso. Si bien por razones del leonino contrato que nos hacen firmar a los colaboradores, que como bien sabe contiene una estricta cláusula de confidencialidad, no podemos comentar las situaciones que condujeron a nuestra partida, no hay nada que nos impida manifestar nuestras opiniones hacia el porvenir, toda vez que hemos quedado ya desvinculados de todo nexo jurídico con esta publicación. Entonces, lo que quisiéramos con todo respeto cuestionarle es, ¿por qué sigue derrochando su talento y su sabiduría al servicio de una revista tan lamentable como ésta? Bien sabemos que la paga no puede ser su motivación, y es también evidente que publicaciones de mucha mayor calidad se pelearían por hacerse de sus servicios, así que la conminamos a seguirnos por la puerta de atrás por la que nos han echado, para juntos encontrar un nuevo hogar, más acorde a nuestro rango y a nuestras capacidades. En el caso de que por razones que desconocemos esté contemplando permanecer más tiempo en Reporte Sexto Piso, nos permitimos sugerir que entonces utilice la tribuna para denunciar tantas veces como sea posible a los truhanes que mal dirigen esta publicación, que no solamente no se han cansado de llevar ya más de dos años burlándose de sus fieles lectores, sino que ahora han comenzado una cacería de brujas hacia el interior de la revista que, tememos, hará que incluso la cabeza de usted ruede más temprano que tarde.

Atentamente,

El Señor Cerdo y Johnny Raudo

 

Queridos míos,

Ay, ay, aaaaaaay, cómo me duele esa herida abierta que ha significado su partida. Con decirles que la otra noche, devorada por el insomnio, incrementé temerariamente las dosis de Rivotril con Gin Tonic para procurar conciliar el sueño, pero era tal la rabia y la impotencia ante el acto tiránico del que fueron objeto que no podía dormir de ninguna forma, hasta que sin saber cuándo ni cómo me colapsé en el piso de mi sala, para despertar a la mañana siguiente hecha un mar de lágrimas, sin lograr comprender cómo existe en este mundo tanta maldad y tanta monstruosidad. Sepan que su dolor es el mío y, en adelante, su causa será la mía también, y precisamente por ese motivo no les daré a los editores de octava que conducen esta publicación la alegría de renunciar, pues habrán de saber que para doblegar a Ignacia hace falta mucho más que esto.

Y aprovecho también para decirles que a mí su acuerducho de confidencialidad me vale Wilson, y que me lo paso mil y una veces ahí por donde les platiqué. ¿Qué van a hacer? ¿Demandar a la prima Ignacia? Ja, ja y recontra ja. Si son tan tacaños que ni una buena base para el garrafón del agua han podido comprar para sus oficinas, ¿creen que van a gastar en un abogado que intente silenciarme? ¡Háganlo y entonces sabrán quién soy, barbajanes sin pudor alguno! Sepan que una serpiente herida muerde dos veces, o hasta tres si es necesario, así que no me prueben, que me tienen ya al límite, y una vez que explote, ni yo misma sabré de lo que soy capaz.

Queridos Cerdi y Johnny: no teman, que estén donde estén, y en cualesquiera locas aventuras que la vida les depare a continuación, Ignacia seguirá velando por su bienestar, y por el momento permaneceré aquí, como una pústula enquistada en la piel de este organismo podrido, para continuar dándole voz a los desventurados y a las víctimas, pues aunque implica un sacrificio tal que sólo un alma abnegada como la mía puede sobrellevar, es la misión para la que me ha elegido el destino, y la cumpliré a cabalidad por tanto más tiempo como haga falta.Los estima y admira,

Su prima Ignacia

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