Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Estimada señora Ignacia,

El otro día, mientras esperaba en el consultorio del doctor Arnoldo Kraus a que me recibiera, cayeron en mis manos algunos ejemplares de esta infame publicación. Con una simple hojeada me bastó para darme cuenta de la pobre calidad de sus contenidos, hasta que por fortuna me topé con su sección, y entonces valió la pena todo el mal rato previo. Al instante quedé deslumbrado por su sabiduría, su gracia, su agudeza, así como por su capacidad para extraerle un rayo de luz a los rincones más oscuros de la existencia. Lo cual me lleva a preguntarle: ¿por qué continúa publicando aquí su sección, manchando su prestigio al ser asociada con un producto de tan mala calidad, que seguramente es editado por unos malandrines advenedizos, sin ningún tipo de gusto ni formación? ¿No le convendría más mandarlos a la goma y abrir su blog de wellness and lifestyle, como el de Gwyneth Paltrow o tantas otras celebridades que comparten con nosotros un poco de su brillo? ¡Piénselo! Se lo dice un admirador suyo, pues además ya vi en su foto que está bien guapota, al que se le rompe el corazón nomás de pensar que pueda quedar asociada en la posteridad con este pasquín que no debería servir ni para envolver regalitos de quinta.

Atentamente, El señor X

Apreciado señor X,

¡Pare por favor que me ruboriza! Ora sí que ya me hizo el día, el mes y el año. Cuando una piensa que ya sólo puede confiar en su fiel Rivotril, aparece de la nada cabalgando en su caballo blanco un caballero como usted, que con sus palabras le levantaría la autoestima hasta a una rana machucada. ¡Gracias, muchas gracias por lo que me dice! Créame que yo sé perfectamente los atributos que tengo, y también lo de mi sabiduría y mi gracia y mi agudeza, pero ya sabe cómo somos las mujeres, monstruos insaciables siempre en busca de elogios, así que se los acepto con el corazón abierto. Le mando un beso muy especial hasta donde quiera que se encuentre.

Y no crea que no lo he pensado. Le voy a contar un secreto bien íntimo, pero en mi terapia de constelaciones, ¿a que no adivina cuál es el papel que siempre me termina tocando representar? Sí, lo adivinó: el de la abnegada, el de la masoquista, el de la que carga y carga con las piedras de los demás. Pero ya pronto, muy pronto, daré el Ignaciazo, y entonces sí los barbajanes encargados de esta porquería de revista sabrán lo que perdieron, entenderán por fin al mujerón que dejaron ir. Acuérdese también que yo tengo mi doctorado en Karma por la Universidad Tibetana, así que me falta acabar de purificar unas cosas con mi swami de Las Lomas, para que cuando los abandone no se me revierta, pero créame que tengo en cuenta su sugerencia. Ya verá que cuando haga la presentación de mi blog, usted y yo y Gwyneth desfilaremos por la alfombra roja, riendo y haciendo señas obscenas al aire, para que mis actuales carceleros se retuerzan de coraje con mi carrera inevitable hacia la fama y la fortuna.

Foto de Patrick Kain @Flickr 

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