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Bogar en la revolución | Marie de Quatrebarbes

Podemos decir que hay algo como un aspecto inapropiado de la cosa en el que todo parece converger en el instante en que miramos.

Y, sin duda, al principio será muy tentador creer por un momento que la cosa ha comenzado a vivir en el instante en que la miramos. Esto es falso.

Habríamos caído accidentalmente en el juego de creer que inventamos una nueva forma de mirar, como si el ser entero de la cosa dependiera de aquello que podemos comprender.

Solamente, ahora que hemos renunciado a toda comprensión, y que bajamos los ojos por impotencia o arrepentimiento, tal vez podemos intentar permanecer un instante en la brecha en el instante en que se abre.

Tal vez podemos intentar ver al interior de la brecha, con retraso, y aproximarnos al centro que no se abre nunca más allá de cierto punto.

Tal vez podemos intentar mirar en la brecha, en el corazón de la brecha, pero no con los ojos de la brecha ni para ellos.

No podemos sentir el corazón de la brecha como si fuera el nuestro, aun si lo queremos.

No podemos mirar en los ojos de la brecha al mismo tiempo que miramos con sus ojos. Sin embargo, debemos hacerlo.

No podemos colocarnos en el corazón de la brecha y esperar.

No podemos hablar con la boca llena de brecha y esperar.

Podemos intentar mirar la pequeña brecha brillar en la oscuridad, en una noche urbana intermitente, y acechar el momento en que los sonidos suben a la superficie y tocan la superficie del acuario luminoso para envolverse ah. en un tejido aproximativo.

No podemos respirar bajo el agua aunque fuésemos peces desacostumbrados, volviendo a su medio.

Podemos decir que hay un tríptico del infortunio, y tratar de alcanzar el punto en el que se mezclan nuestras fortunas pasadas y nuestras dudas, nuestras fortunas perdidas.

Y mientras que un mismo sonido, repetido al infinito, gotea a lo largo de los muros como un líquido que, tocando el suelo ardiente, se gasifica y sube, indefinidamente, toca de nuevo la superficie y vuelve a caer, muchachos bailan en la noche para conjurar la suerte y hacer vivir un deseo más grande.

Y se entregan completamente a ese deseo al que dan vida porque han aspirado las imágenes de un mundo que los mantiene a distancia.

Y ahora desfilan en trajes inventados y bailan al exterior de sus cuerpos inventados.

Fabrican trajes inventados a partir de sus cuerpos y los portan al exterior de un mundo inventado.

Tomaron las imágenes del mundo para darles todos los apoyos del aire y sus cuerpos para moverse.

Aspiraron las imágenes y ahora las escupen bajo otras formas.

No podemos simplemente colocarnos en el corazón de la brecha y esperar.

Podemos intentar movernos con la brecha antes de que se cierre.

Podemos sostener los bordes separados de la brecha para que no se cierre completamente.

Traducción de Ernesto Kavi

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