Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

Carta a David Markson | Malcolm Lowry

The White Cottage Ripe Cerca de Lewes Sussex Inglaterra
El mundo viernes 22 de febrero de mil novecientos cincuenta y siete ¡oh!

Mi muy querido Dave:

Es verdaderamente imperdonable que no te haya respondido antes, en especial porque tenía tanto que agradecerte; pero paradójicamente los motivos son estos: Primero, Los reconocimientos de William Gaddis no es exactamente el tipo de libro (un verdadero Kanchenjunga, tú sabes a qué montaña me refiero, y el ascenso de alguna de sus pendientes no puede realizarse con seguridad, según creo, sin la ayuda de Tanzing y de Alester Crowley) que es posible devolver [una palabra ilegible] o al día siguiente, como sucedió una vez con El Ulises, con el comentario anexo «¡Muy bueno!». A la vez deseaba agradecértelo muchísimo y escribir, además, algo inteligente, digno del libro, y, al mismo tiempo, querría darte noticias definitivas del proyecto de Knopf y también expresarte mi sincera gratitud por la oferta de Lion Books, o la tentativa de oferta; pero no tenía ninguna noticia definitiva que ofrecer, hasta que un día descubrí que había estado trabajando tan arduamente que había olvidado que ya la había recibido, y por la misma razón aún no he terminado Los reconocimientos (que se demoró mucho por culpa del correo de Navidad y quizá por el Demon Oleum… Este término es Oleum-Oilalmp [dos letras ilegibles]. Lo que puedo decir es que Los reconocimientos prácticamente es todo lo que tú afirmas del texto: una verdadera creación fabulosa, un mirador superbizantino y un proyectil secreto del alma y algo extraordinariamente divertido, mucho más que Burton (que me obliga a cortar borraja del jardín para curarme la melancolía que me produce su humor, y también me ayuda una cucharada de vinagre antes de dormir). A pesar de todo, Burton es un buen punto de comparación. Sin embargo, sólo puedo leer durante poco tiempo, porque debo cuidarme la vista, que se me empieza a cansar a la media noche, después de pasarme todo el día, desde las siete y media de la mañana, tachando el trabajo del día anterior; así que pasará algún tiempo antes de que pueda enviarte un informe completo de Los reconocimientos. Mientras, te adelanto esto, aunque no sea adecuado. Respecto a Knopf, creo que Matson le había prometido Bajo el volcán antes de que llegara tu carta; también pienso que ya han redactado un contrato, por cierto no tan lucrativo como el de la Lion Books que mencionas, y aunque aún no lo firmo (parece que éste se ha retardado), me hallo tan comprometido que no podría retractarme (o no podría abandonarlos) aunque fuera conveniente, pero por otra parte uno se inclina a creer que no lo sería. Al releer tu carta del 18 de diciembre, que por mala fortuna llegó en el momento justo en que nos marchábamos por una semana a Londres (y que no la había asimilado bien hasta nuestro regreso, cerca del Año Nuevo), ahora creo que fue un gran descuido no contestarte inmediatamente y con claridad de todo el asunto. Espero que no me juzgues ingrato y no pienses que te defraudo seria y verdaderamente; pero estaba indeciso entre Harcourt Brace (que entonces no había publicado Bajo el volcán, así que yo no debía, como se encontraban las cosas, pagarles el cincuenta por ciento o algo semejante), y Albert, personalmente, y la Random House, más [una palabra ilegible], y Knopf, y al mismo tiempo tenía un contrato para una película que también me producía grandes dolores de cabeza y dificultades, y nada era seguro; la mayor parte de la correspondencia la tenía olvidada [palabra ilegible] en camino o no llegaba. Confío en que podrás comprender que me hallaba muy inseguro, y atrapado por una serie de circunstancias, que influían unas en otras, en especial porque Margerie no se encontraba repuesta del todo, aunque ya estaba bien de salud, y yo desempeñaba a la vez el papel de capitán y de marinero, y no podía darte una respuesta categórica. Por favor, no pienses que no aprecio el cuidado y la atención que dedicas a mis intereses y el estímulo que me has dado y que continúas ofreciéndome. Ahora me encuentro tan ensimismado, por un motivo u otro, que he estado produciendo cosas muy buenas, a pesar de que lo diga yo; pero esto también viene a aumentar mi confusión ahora que trato de dar una respuesta práctica a [algunas palabras ilegibles], porque en estos días, casi continuamente me hallo bajo la influencia de eso que suelen llamar inspiración, hombre, y lo que pienso… [aquí termina la primera página]

[Hay un agregado al margen de la misma página]

 

P.P.S. Olvidaba decirte que me gustó mucho tu descripción de los tres capítulos de Oedipus. En la obra La Machine Infernale de Cocteau (la que Cocteau me permitió conocer, el mes próximo hará ¼ de siglo, regalándome una butaca durante dos noches consecutivas, y de no ser así, me habría parecido una pantomima), el familiar de la esfinge, el Dios Chacal, Anubis, con máscara de perro trota en la cámara nupcial en la noche de bodas, siseando y derramando los terribles frijoles en los oídos conyugales mientras ellos duermen. No sé si Cocteau inventó esto, o si lo de Anubis pertenece al dominio público, pero si es esto último, resulta un personaje de verdad maligno que vale la pena tener presente en caso de una dificultad técnica insuperable. Y para tu contraste dual, en parte artístico y en parte editorial, podrás encontrar algo a propósito de eso en esta carta, y también de Happiest Gun, y de otras cosas. Hay varias maneras de leerlo; cuando se considera como un discurso de su autor, se convierte en algo muy profundo. Además, es muy divertido leerlo como una especie de diálogo faulkneriano.

Written by
No comments

LEAVE A COMMENT

*