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Cleptorremuneración | George Monbiot

Existe una relación inversa entre utilidad y recompensa. Los empleos más lucrativos y prestigiosos tienden a causar los mayores daños. Los trabajadores más útiles tienden a estar peor pagados y tratados.

Recordé esto mientras escuchaba a una cuidadora describir su trabajo. La empresa de Carole le da una lista de visitas de… tres visitas de media hora por hora. No tienen en cuenta el tiempo que precisa para ir de un sitio a otro, y tampoco se lo pagan, lo que significa que gana menos del salario mínimo. Durante los pocos minutos que pasa con un cliente, es posible que tenga que sacarlo de la cama, ayudarlo en el baño, lavarlo, vestirlo, prepararle el desayuno y darle las medicinas. Si alguna vez tiene un respiro, dijo al programa radiofónico You and Yours, lo pasa con sus clientes. Para algunos ella es la única persona que ven en todo el día.

¿Existe un empleo más difícil o que valga más la pena? Sin embargo le pagan con críticas e insultos además de con céntimos. Los miembros de la familia le gritan por llegar tarde y no pasar suficiente tiempo con la persona, luego la empresa la regaña por las quejas que recibe. Su profesión es atacada en los medios de comunicación, ya que los problemas creados por el modelo de la empresa se achacan a los trabajadores. «Me gusta mucho visitar a la gente; me gusta ayudar, pero las críticas constantes me deprimen —dice—. Es como ser siempre culpable».

Su experiencia no es nada excepcional. Un informe realizado por la Resolution Foundation revela que dos terceras partes de los cuidadores que están en primera línea reciben menos de lo necesario para vivir.1 El 10%, como Carole, ganan ilegalmente menos del salario mínimo. Este abuso no ocurre tan sólo en el Reino Unido: en Estados Unidos, el 27% de los cuidadores que realizan visitas a domicilio cobran menos del salario mínimo legal.2

Imaginemos la vida de los propietarios o los directivos de la empresa. Tenemos que imaginarla, ya que, por razones obvias, la cuidadora no reveló su verdadero nombre ni el de la empresa para la que trabaja. Cuantos más costos y flecos recorten, más beneficios obtendrán de su negocio. En otras palabras, cuanto menos les importe, mejor les irá. El jefe ejecutivo perfecto, desde el punto de vista de los accionistas, es un absoluto sociópata.

Estas personas pronto serán muy ricas. El Gobierno las elogiará como creadoras de riqueza.3 Si donan suficiente dinero para fondos del partido, tienen muchas probabilidades de llegar a ser pares del reino.4 Efusivos perfiles en la prensa elogiarán su desenfado y su olfato como emprendedores. Adquirirán un amplio portafolios de inversiones, que tal vez incluya algunas propiedades, de modo que —aun en el caso de hacer algo parecido a trabajar— pueden seguir viviendo del trabajo de gente como Carole, mientras ella lucha para pagar alquileres abusivos. Sus descendientes, quizá durante muchas generaciones, nunca necesitarán aceptar un trabajo como el suyo.

Los cuidadores funcionan como un telar humano, yendo de una casa a otra, zurciendo el tejido social, mientras que muchos de sus empleadores, accionistas y ministros del Gobierno rajan la tela a ciegas, recortando, subcontratando y desregulando en nombre de los beneficios.

No importa cuántas veces el mito de la meritocracia se desacredite. Sigue resurgiendo, como se vio en la campaña de las elecciones de 2015. ¿Cómo, al fin y al cabo, puede justificar el Gobierno la enorme desigualdad?

Una de las lecciones más dolorosas que un adulto joven aprende es que se recompensan los rasgos erróneos. Celebramos la originalidad y el valor, pero los que llegan a la cima a menudo son conformistas y sicofantes. Nos enseñan que las trampas nunca prosperan, sin embargo el país es gobernado por chanchulleros.

Si uno posee la única habilidad indispensable —saber abrirse paso a cualquier precio hasta la cumbre— la incompetencia en otras áreas no es ningún impedimento. La ex jefa ejecutiva de Hewlett-Packard, Carly Fiorina, aparece en lugares destacados en listas de los peores jefes de Estados Unidos: un buen logro si se tiene en cuenta la competencia.5 Despidió a treinta mil trabajadores en nombre de la eficiencia, sin embargo supervisó que el precio de las acciones de la empresa se redujera a la mitad. La moral y la comunicación llegaron a ser tan malas que en las reuniones de la empresa la abucheaban. La obligaron a dimitir, con una indemnización de 42 millones de dólares. ¿Dónde se encuentra ahora? A punto de lanzar su campaña como candidata a la presidencia por el partido republicano, donde, al parecer, se la considera una rival importante. Es la historia de Mitt Romney una y otra vez.

En la universidad, contemplé con horror cómo los grandes planes de mis ambiciosos amigos se disolvían. Tardaron poco en entrar en la feria de reclutamiento de las empresas, para ver que en las carreras profesionales que habían imaginado —trabajar para Oxfam, ser fotógrafo, defender la naturaleza— cobraban una quinta parte de lo que podrían ganar en la City. Todos juraron que lo abandonarían para cumplir sus sueños al cabo de dos o tres años de ganar dinero. ¿Es necesario que diga que ninguno lo hizo? Pronto adaptaron su moralidad a las circunstancias. Una, una agitadora que quería nacionalizar los bancos y derrocar al capitalismo, se sumergió en la banca y después en la política. Claire Perry se sienta ahora en el primer banco del partido conservador.

Si cedes una vez, al principio de tu carrera, te retendrán para toda la vida. El mundo es destrozado por jóvenes inteligentes que optan por lo que parece sensato.

La relación inversa no siempre se sostiene. Hay muchos empleos inútiles y mal pagados, y unos cuantos útiles y bien pagados. Pero los abogados de empresa, los miembros de los lobbies, los publicitarios, los asesores de empresa, los financieros y los jefes parásitos que consumen lo que sus trabajadores proporcionan superan en mucho a los cirujanos y a los directores de cine. A medida que aumenta la distancia del sueldo —los jefes ejecutivos en el Reino Unido cobraron sesenta veces más que el trabajador medio en los años noventa y en la actualidad cobran ciento ochenta veces más— la ratio de la inutilidad se sube por las nubes.6 Propongo un nombre para este fenómeno: «cleptorremuneración».

Este robo no tiene fin a menos que el Gobierno intervenga con firmeza: una redistribución de los salarios mediante ratios máximos y mayores impuestos. Pero esto no ocurrirá hasta que se cuestione la infraestructura de la justificación, construida con tanto esmero por los políticos y la prensa. Nuestras vidas se ven perjudicadas no por los indignos pobres sino por los indignos ricos.7

31 de marzo de 2015

Traducción de Carme Camps

  1. Laura Gardiner y Dr. Shereen Hussein, marzo de 2015, «As If We Cared: The Costs and Benefits of a Living Wage for Social Care Workers», Resolution Foundation Report, resolutionfoundation.org.
  2. Linda Burnham y Nick Theodore, 2012, «Home Economics: The Invisible and Unregulated World of Domestic Work», National Domestic Workers Alliance, Nueva York, domesticworkers.org.
  3. Patrick Hennessy, 8 de septiembre de 2012, «Britain Must Champion the Wealth Creators, Say Tories», telegraph.co.uk.
  4. Nick Cohen, 21 de marzo de 2015, «Just How Good Are the Odds of a Rich Donor Becoming a Lord?», theguardian.com.
  5. Alex Braccui, 8 de Julio de 2011, «Horrible Bosses: The Worst Tech ceos of All Time», ukcomplex.com; Steve Tobak, 27 de abril de 2012, «America’s Worst CEOS: Where Are They Now?», CBS Moneywatch, cbsnews.com.
  6. BBC, 14 de julio de 2014, «Executive Pay “180 Times Average”, Report Finds», bbc.com.
  7. Este artículo forma parte del libro ¿Cómo nos metimos en este desastre?, de próxima aparición por Editorial Sexto Piso.

Foto de Rodrigo Paredes en @Flickr

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