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Ficción

Místico y Artístico o «cómo colocar el dedo en la campanilla del otro sin sufrir las consecuencias». Lo que voy a intentar en esta sesión de escritura es la de producir un milagro. Parecido a los que suele llevar a cabo Theópihile de Wallensbourg en cada una de las obras que ha ido publicando, en los últimos cuarenta años, en la

Es el fantasma de un caballo, susurró Imabelle. Ed se aferró a la escopeta y se asomó por la ventana. El camino estaba desierto. Pero el galope persistía. Serán unos parejeros. ¿A estas horas? Nunca faltan los borrachos envalentonados. Es un caballo fantasma, insistió su mujer. Malditas gentes sin quehacer, rezongó Ed. Se recostó con la escopeta sobre el pecho. Se resistía a apegarse a las historias

Por las tardes, cuando había terminado su ronda, a menudo Mason llevaba su tablero de ajedrez al Champ de Mars para esperar a que se diera una partida en una de las bancas de concreto. Como gesto de solidaridad, vivía en Pacot, el desgastado barrio de clase media situado en el corazón de Puerto Príncipe, en tanto que la mayoría

Érase una vez una chica que vive en una casa en el bosque con su madre y su hermano. La habitación de la chica está bajo el tejado en el ático y desde su ventana se ven los árboles. En verano todo es verde y en invierno las ramas están desnudas y hay una luz fría y afilada. Cada domingo, ella,

Aparecen como malas noticias: de un momento a otro y en los sitios más improbables. Su rotunda expresión del mundo físico los hace todavía más difíciles de ignorar. Llaman la atención, además, su número y su especie. Las sillas y las mesas, por lo que parece, admiten ser destazadas y sirven como composta para más sillas y mesas de madera.