Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Poesía

(i) si miro al cielo gris lleno de gaviotas grises no puedo hablar de dolor. he tenido pesadillas con gatos y con dedos. he soñado que me arrancaba la piel. las lecturas tristes son imprescindibles mientras tanto reímos y estuviste a punto de correrte dentro por qué no lo hiciste por qué. las gaviotas grises. el río. he escapado para masticar raspas y tragar sucio vino. escucha, hay forasteros y gorriones gordos, hay

Ella Todo esto es memoria profana los poetas reinventaron todo era necesario un hombre que superara a los dioses y que como todo hombre lejos de su casa en llanto muchas veces maldijera el mar vinoso se rasgara el rostro cuando el poeta murió otros diez tomaron su lugar y reescribieron la historia así el hombre engendró el mito *** Clavé la esperanza en los cuatro muros de mi celda no hay territorio más vasto

Runa Simi   lengua de miel hoja de coca aire de pureza insoportable puñal en la garganta mi lágrima cae infinita sobre la herida cimas que se pierden en el horizonte claro llega al paso el hombre que se eleva de la tierra construye gime canta así se agiganta en el ande se mantiene en vilo encanta los montes levanta un cántaro bebe sigo rastros me pierdo algo en mi oído recuerda antiguos sones mi propia sangre labra los desiertos vuelve la danza pies que repiten el paso invariable un hilo

Uno cargaba un puñado de monedas. Uno más llevaba colgando en el pecho un nombre. Otro, iba arrastrando un cajón de madera sobre la grava. Yo quería andar sin doblarme, sostener mi propio peso en una vertical. Queríamos resguardar nuestra procedencia. Llevábamos una piedra en el zapato, granos para las aves, lo más preciado que reunimos bajo la bóveda. * * * Eran los días de las Grandes

* * * «no le llames por su nombre» la tarde se arrollaba de gris cuando me interné en la bodega «tendrás la tentación de dejarte seducir por su fealdad» en el suelo se repartía estropeada la luz: señal de que el otro extremo de la bodega estaba abierto y los telones (pesados pliegos de lino blanco) se sucedían por cientos

El pájaro como el hombre es un eucarionte El pájaro como el hombre es un metazoo El pájaro como el hombre es un tetrápodo El pájaro como el hombre es un amniota El pájaro como el hombre es un vertebrado El pájaro dicho también * * * dviga avis ornis ave àe avicelus aucellus oisel aucèl aucéu aceddu ausèth ocell ocellu oxellu uccello utschi usél lind lindu lod’de

¡Salve! «Si las cosas te van bien, despierta del sueño». En la fachada del Palazzo Bocchi, entre versos de Horacio en latín y citas de la Biblia en hebreo grabadas en la piedra, veo pintado este aviso. ¿Estoy despierto? ¡Sí! Y ya fuera del Hotel Bologna de la Gare. Solamente son verdaderos los pensamientos que no se comprenden a sí mismos. ¡Salve! Sólo amar a las desconocidas. Aquí caminan bajo los

Escribir, Me exististe no debería ser una traducción a tientas. Porque no hay secuela para el pasaje cuando veo —como tú no podrías nunca más ser revelada— me ves como yo no podría nunca más ser revelado. Donde ahora estoy ante los tronos de la gloria, la escritura debe permanecer oculta. ¿Dónde, sino en la enunciación misma? El sueño bastó, asumiste el riesgo, a pesar de que no hallaste un diseño resistente. La casi subsistencia de lo posible: ¿quién vivió alguna vez de