Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Poesía

Perros. Perros en la cabeza. Perros afuera. Perros. En la boca devoran carne. Perros. En la cabeza Giran y gritan. Perros. En la cabeza no Descansan la cabeza. Perros. Giran y perros hurgan y Perros cuidan. Perros en la cabeza comen. No hay Silencio. Perros gritan. Perros gruñen. Perros Amenazan. Gruñen. La cabeza en los hocicos. Presionan La cabeza sueltan la cabeza presionan la cabeza no sueltan La

A mi diestra Creemos todos en un Dios pero lo que ocurre no tiene nombre Estamos como ebrios frente a la noche – uno de nosotros fija demasiado tiempo su sueño y se vuelve ciego otro venda su vida herida un tercero protege la figura de cera de una muerta contra la mañana que pasa por encima de los techos en un tonel de fuego Es un nuevo día ensordecedor que excita la crueldad Un ángel caído vela a mi

* Con perdón del grafómano Salvador Elizondo.

I. Quisiera conquistar la primera persona tallando la ilusión de un ser que me contiene, insistencia de árbol joven en la lentitud con que construye su cuerpo abriendo el espacio eligiendo la forma del tronco, la futura resina de sus ramas. Aun anclado en un lugar que no le nombra, tiene mundos por decir. Lo grita por debajo y algo ocurre en la acidez de la tierra, se descolocan corredores de piedra y lombrices, entienden la liviandad de la lucha cuando

Ocupáis tres asientos frente a mí en el autobús que se desplaza desde nuestro barrio alejado del centro al centro; al centro de nuestra localidad minúscula, entiéndase, no al centro de las cosas, no a la esencia misma ni a la materia nuclear donde la vida bang donde la vida se expande y obedece a todos los fenómenos —etcétera— que dicta la astrofísica. Lo proclaman las asignaturas que rodeábamos porque éramos

Fragmento I   París, el abril cruel, mil novecientos setenta y seis, un viento repentino se enreda entre los árboles grisáceos de la Place Saint-Michel y gira brusco, agita con sus brazos desceñidos el mechón de la lluvia sobre los adoquines y los muros. De pronto, las terrazas se despueblan, en las pequeñas mesas circulares hay un reflejo extraño, inesperado, enmudecen las voces y los ruidos, un silencio que viene de más allá del

(i) si miro al cielo gris lleno de gaviotas grises no puedo hablar de dolor. he tenido pesadillas con gatos y con dedos. he soñado que me arrancaba la piel. las lecturas tristes son imprescindibles mientras tanto reímos y estuviste a punto de correrte dentro por qué no lo hiciste por qué. las gaviotas grises. el río. he escapado para masticar raspas y tragar sucio vino. escucha, hay forasteros y gorriones gordos, hay

Ella Todo esto es memoria profana los poetas reinventaron todo era necesario un hombre que superara a los dioses y que como todo hombre lejos de su casa en llanto muchas veces maldijera el mar vinoso se rasgara el rostro cuando el poeta murió otros diez tomaron su lugar y reescribieron la historia así el hombre engendró el mito *** Clavé la esperanza en los cuatro muros de mi celda no hay territorio más vasto