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Divertimentos mecánicos (fragmentos) | Suzanne Doppelt

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Suzanne Doppelt

no vemos ni gota y sin embargo todo brillaba al sol, pero en negro, el negro de los árboles, el negro de la tierra, el negro de las plantas, absolutamente todo tiraba al negro, igual que la serie y a la inversa, antiguo o reciente, si el gorrión fuera un cuervo, el bastón bien repintado y el gato sin ninguna marca, mudo, inmóvil, se confunde, como a través de vidrios oscuros que invadirían el paisaje con su color. Pero no del todo, pues del negro absoluto no hay ni rastro, ni del azabache o del humo, ni de la oscuridad que viene del fondo del agua, de la sombra o de los agujeros profundos, que tira al gris, y ángulos muertos como estas cosas anudadas, vanidades asociadas por arte de magia y locura y que no tienen más color que la noche. No reflejan tampoco ningún color, el decorado apático, bastante descolorida la escena colectiva, una escena de género, giratoria, a la que es necesario volver una y otra vez para intentar ver un poco más, un hecho brutal y multiplicado que pendía a la vista del ojo y al alcance de la mano, tan oscuro como el humor

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es de noche o de día pero no es un pájaro nocturno cargando con un día señalado, está ahí, de hecho, descansando, el gorrión en medio de las ramas enmarañadas, sobre una tierra negra, gris y pardo un poco como la sotana de un monje, un gorrión contemporáneo de un gato, el árbol cargado de un extraño fruto, pero también lo juzgamos por sus pájaros. Éste volaba en líneas rectas o curvas, una red complicada cerca del suelo o más alto, un vuelo rápido y seco que dibujaba figuras discretas, ahora estático sobre lo vegetal convertido en su centro de gravedad, días enteros pasados allí con sus noches, una forma delicada que puede confundirse con una hoja o un fruto, una extraña cosecha. Éste cantaba en el aire, en los árboles o los arbustos para llamar a otros, variaciones en tchip tchip, ahora se calla, es una sombra y la calma inquietante que ésta produce, la noche y el pájaro, el pájaro con la noche, el pájaro en la noche bajo la luna, un disco plano

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afuera es el más elevado y visible, se estira de abajo hacia arriba, como una auténtica pila y la corteza, los nudos, las venas mientras que la hierba se extiende en el otro sentido, se divide y varía según reglas estrictas, pero con tantas opciones, frondoso o enjuto o a medio camino, sin embargo completo, colocado aquí y allá, sirve de reposo a la vista, corta la llanura, dibuja el horizonte, el árbol en hilera y en arbusto. Podado en vaso lo pintamos con una mezcla de verde mineral y savia, de ocre amarillo y un toque de negro, sirve para todo y sobre todo para comer cuando es pan, mantequilla o salchichas, una nubecilla en la cima y un vaso para el viajero sediento, días enteros en los árboles, pero cuando se vuelve demasiado pesado siempre cae del lado al que se inclina. Un viento fuerte, una corriente de aire traicionera, una violenta descarga eléctrica, energía o bien objetos en exceso en medio de ramas enmarañadas y hojas simétricas, el trozo de madera el gato un hombre el gorrión, este ahorcado amarillo y verde y gris ratón, lo juzgamos también por sus pájaros, el hecho colgaba de ahí, un hecho brutal, enorme, aferrado a un pino, pendía en lo alto, de una cuerda corta, pero no hay nada más engañoso que un hecho evidente. Tras haber aprendido a volar todavía le falta aprender a estar colgado, y lo vegetal como sobrepeso con sus raíces, los principios elementales, su tronco plagado de nudos y de venas, sus yemas y sus retoños, su ramaje y su follaje, las cosas que sufren a la vista del primero que pasa y el conjunto de las imágenes en movimiento continuo, su gorjeo y su plumaje, esta vasta arborescencia que se divierte con la ciencia ha terminado por caer del lado al que se inclina. Y como de aquí en adelante la hierba se extiende en horizontal, se ramifica en rutas y en caminos secundarios, se convierte en un campo inmenso con todo lo necesario para armar un paisaje, elevaciones del terreno aquí y allá bajo el sol poniente, es un mapa bellísimo, desmontable y con tantos artificios, el árbol de transmisión, o de la palabra, el de los ahorcados y el árbol de la goma.

Tradución de Silvia Terrón

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