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Así como cada ocasión que un poli gringo golpea a un mexa, un güero racista canta victoria, siempre que a Donald Trump algún rockero se le cierra como micro en el periférico, salto de alegría. Queen (es decir lo que queda de Bryan May) acaba de prohibirle a Donald que utilice la canción «We are the Champions» como soundtrack de campaña. Pobre Trumpi, lo han negado tres veces como a Jesús. Los Stones, Michael Stipe y ahora Queen. Lo de los Stones es comprensible, no por los chistes que Mick Jagger se ha cocinado a propósito del cabello de mazorca, sino porque después de lo que cobraron en Cuba qué pensaba Trumpi, ¿que le saldría gratis?

Corren rumores en la industria de la música de que Bryan May prepara un remix del éxito de Queen «Don’t Stop me Now». Obvio con un elemento contemporáneo. «Don’t Trump me Now» está planeado para lanzarse a finales de verano. Tampoco es que May sea el dif. Por supuesto que odia a Trumpi, es la moda. Pero un informe del fbi reveló que los autores intelectuales de esta iniciativa son Cheech y Chong. El duo weednámico ha contribuido con una suma considerable de mota medicinal al glaucoma de May. Cheech y Chong en el viaje llegaron a la conclusión de que la única manera que existe de evitar que Trump construya un muro fronterizo es un single. Su primer paso ha sido que el mundo del rock conspire en su contra. No porque haya aparecido en Home Alone 2 significa que el mundo del espectáculo le pertenece.

Como ocurre siempre en estos casos, así como hay morenazos que acuden a los mítines de Trumpi, existen músicos de origen latino dispuestos a que el candidato les chupe la sangre. Si no son los Stones o Queen (y como seguro The Who y Led Zeppelin se negarán), la carta fuerte de Trumpi es Linda Ronstand, quien también prepara un single opositor, para contrarrestar a Queen: «Trump le Monde», una balada ranchera para la que se planea utilizar la imagen de Trumpi con el bol de pozole como portada. Qué importan los Stones, no hay nada que el pozole no pueda lograr. Ese charm no lo tiene ni Obama. Ni siquiera Hillary, a quién ya le prohibieron que empleara el slogan «Hey Ho Let’s Go».

¿Recuerdan cómo se puso Jim Morrison cuando descubrió que los otros miembros de los Doors vendieron «Light my Fire» para un anuncio de coches? Tantito pior se iba a revolcar en su tumba Fredy Mercury si May no se interponía en los planes de Trump. En cuántas finales de beis, de americano, de básquet no ha sonado «We are the Champions». Y sin pagar derechos. Y hasta donde mi narcotizada memoria alcanza, jamás se había prohibido su uso. Incluso si unos curas pederastas la agarraran de estandarte en un concurso interestatal de masturbación entre monaguillos, es seguro que nadie protestaría. Pero Trumpi ha sido maldecido con la mano dura del rock & roll.

Durante su mandato, Charly Salinas se armó una melodía del programa Solidaridad. Quizá Trumpi debería seguir el ejemplo de Salinas y contratar a la nómina de Televisa para que le arme un himno. Pero mientras se le prende el foco, estaremos al pendiente de esta guerra de las güigüis. Qué banda será la siguiente en hacerle el fuchi al candidato. Caliente debería abrir una sección especial para poder correr apuestas contra la trumpización. Algunas de las rolas que se me ocurre que ande correteando son: «O sole mio», «Macarena», etc. Sería más atractivo que apostarle a los galgos. Hace no mucho viajé a San Diego y tuvo lugar un mitin de Trumpi. Los antidisturbios golpeaban a los latinos. Hoy el mundo rockero le está devolviendo a Trumpi todos los madrazos. El rock continúa siendo tan contestatario como siempre. Bueno casi (¿verdad, Mick?).

Hasta las oficinas de esta publicación ha llegado un oficio por parte de Cheech y Chong solicitando por favor que informemos a la población del evento que tendrá lugar el próximo 8 de noviembre en el Zócalo del ex DF. Se tratará de un intento por romper el record de la enchilada más grande del mundo. A la que bautizaremos, of course, Trumpi. Si él puede construir un muro del tamaño de la frontera nosotros podemos hacer una composición del tamaño de su estupidez. Es una batalla de imperios. Como principales propagandistas del single y de la enchilada, Cheech y Chong han prometido volver al mundo del cine. Ya se prepara la versión fílmica de «Don’t Trump me Now (Cause I’m Having a Good Time)». Al parecer la prisa de la productora se debe en parte a la proximidad de las elecciones, pero también al temor de que May azote como lo acaba de hacer Joe Perry (guitarrista de Aerosmith) en un concierto de los Hollywood Vampires.

Desde esta humilde casa editorial nos condolemos de los golpes bajos que ha recibido Trumpi. No todo se consigue en la tierra de la libertad, viejo. Pero no todo está perdido. Habla con Bono. Quizá lleguen a un acuerdo. Quién sabe. Quizá quiera salvar al mundo de Trump. Y parte de la estrategia sea aliarse con él (a cambio de unos dolaritos) para destruirlo desde dentro. No, espera. Eso ya ocurrió en un capítulo de South Park. Lástima.

«el meatloafazo de la Bestia».

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

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