Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

Duelos | Grecia Cáceres

Mi casa de cuervos

Deja de llorar
un rato
que éste es el instante de conocer
de entrever
tratando de retener los hilos de la ilusión
un poco más
recogiendo los restos de la noche
y el poco de polvo que queda
sobre los muebles

ahora
desde la ciudad sin mar que es la mía
imaginar un circulo sin centro en el que refugiar la palabra
estando allí
toda
temblando
sin nunca más saber qué hacer

porque lo que la carne dio
la carne te lo quita
y así desnuda
tiritando
te quedas

mirando desde lejos
la fiesta del poniente
puesto que el horizonte ya abandona
este balcón usado

y los quise y los amé
y los esperé y los hice
y los perdí

ahora queda el recuerdo
la sombra del amor
que es un árbol fuerte
felizmente
reacio a la tormenta y a los vicios

ahora que rehago las camas
que levanto las ropas regadas por el suelo
aún
y los juguetes sin dueño
definitivo

hoy que escribo
y pienso en lo que fui
niña repleta y parlanchina
adolescente
malcriada
engreída
joven perdida en la parís de los 90
novia esposa madre
francesa de adopción

hoy sigo agachándome sin pesadumbre
abrazando telas coloridas
arrugadas de sus formas
escribiendo palabras vanas deshiladas
tratando de cazar de entender de ordenar
lo imposible

toda esa masa viva
atenta luminosa ajena
joven y viajera

frutos que se van
rodando en el jardín
abierto

a la luz
insomne.

12 de octubre 2015

sacro momento
día de miércoles
el sol alumbra
el tiempo se apelotona
un momento antes y después
se va
se va la inocencia y se va la carne originaria
se va la risa contagiosa
se va el baile
se va mi primera palabra balbuceada
el festín infinito de la niñez alumbrada
por su carcajada liberadora
por su mirada que brillaba
más allá de las penas

no hay margen altura o esquina
en la que apoyarse
no hay tierra bajo los pies
no hay agua que colme esta sed

su cuerpo sufre y se rebela
la ola repiquetea y se lleva
instantes de la roca antigua

sólo queda espuma gris de lo que fue el instante
límpido del abrazo

no hay bebida ni comida
no hay calma ni sombra
estamos en el desierto desnudos
implorando la lluvia de su voz

maldito día de la raza
doce duodécimo eterno
todo se extingue, todo es
nada
la nada que redondea al mundo
la nada que se come el horizonte
ya sólo queda el día después de él
mirar de reojo por sobre el hombro y rezar
dejando pasar el rumor
el presentimiento, el celo
la cólera
con su cola de fuego
quemando los ojos con su sal

ya no hay más que el momento
aquí sucede
nada
pasa en el mundo
salvo esto

los párpados se cierran
el corazón vacía su cencerro
los pulmones se doblan y la sangre
estática
es como una tinta
en el aire
que dice algo
que no sabemos leer.

Foto “Common Raven” de black_throated_green_warbler @Flickr

Written by
No comments

LEAVE A COMMENT

*