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El fondo mágico del amor | Pascal Quignard

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Clitemnestra, tras haber asesinado a su esposo, le corta las manos. Se pone debajo de los brazos las manos cortadas. Después se ocupa de los pies. Se cuelga en el cuello con una cuerda los pies que acaba de cortar. De esa manera el rey muerto no podrá volver a este mundo. (Agamenón dejará de agarrar cosas. Agamenón ya no podrá correr por ningún lado). La reina no tendrá que preocuparse por la venganza de su marido muerto durante los siete años que le quedan de vida. Me gustaría evocar el amor bajo su luz más elemental, más pulsional. Me gustaría evocar el fondo mágico del amor. Veamos cómo se preparaba un encantamiento en la Antigüedad. Se le ataba una tablilla de plomo a una estatuilla, ambas juntas en un jarrón, este último colocado a oscuras cerca del cuerpo enterrado de un muerto. En la religión, el ritual se hacía pública y oralmente durante el día, incluso era cantado por la comunidad allí reunida. En la magia, el sacrificio se hace de manera disimulada, solitaria, durante la noche y por escrito. Lo que los romanos llamaban un incantatio para los griegos era un logos. La tablilla de plomo, aún desenrollada, era entallada con la misma mano de quien odiaba o intentaba seducir. Después se doblaba o incluso se clavaba. La liturgia, la «praxis» que se realizaba tras la incisión de la tablilla con el punzón, se descomponía en seis momentos: modelar la estatuilla del ser que se quería maldecir o que se pretendía fascinar y someter, clavar agujas de plomo, atarlo a la lámina de plomo doblada, y hacerle 365 nudos con una aguja de costurero. Se debía abrir por la noche, en secreto y en soledad, la tumba elegida en la necrópolis. La estatuilla y la tablilla hilvanadas entre ellas y situadas en el jarrón se colocaban cerca del muerto que se pretendía que transportase la muerte (en el caso de odio), o para que el muerto se transformara en un mensajero veloz, alado, invisible y nocturno (en el caso de la seducción de amor).

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Cuanto más joven fuese el muerto y más vida le quedara por vivir cuando la muerte se lo llevó, mayores eran su violencia y sus ansias de venganza.

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Ahora citaré el encantamiento que fue grabado en una tablilla de plomo que proviene de una cañería. Fue encontrada en Fayún, Huwara. Desde entonces se expone en el Museo de El Cairo (Inventario n° 48217). Encantamiento lanzado a Heronous: «Dioses subterráneos y diosas subterráneas, Pluton Usmigadoth, Kore Eroschidal, Adonai Barbarita, Hermes de las profundidades, Tot, Anubis, poderoso Pserifta que tienes las llaves del Hades, y a todos ustedes, espíritus subterráneos, muchachos y muchachas muertos prematuramente, a ustedes jóvenes fallecidos, les confío este jarrón. Demonios y sombras, yo los conjuro. Ayuden a este espíritu que aquí está. Espíritu del muerto, ahora, levántate por mí, quienquiera que seas, hombre o mujer, vete a cada sitio en el que se encuentre Heronous a quien parió acostada Ptolemaida, vete al barrio al que ella vaya, entra en cada habitación en la que penetre, para que no conozca ni el coito vaginal ni penetración anal ni oralidad genital ni ningún placer que no sea conmigo solo, Posidonio a quien Tzenoubasdis concibió y parió. Espíritu del muerto, somete a Heronous de tal manera que no pueda ni comer, ni beber, ni salir, ni dormirse lejos de mí, Posidonio. Por ese a quien al escuchar su nombre se abre la tierra, por ese a quien al escuchar su nombre los espíritus se estremecen bajo sus alas en las ramas, los ríos y los océanos al escuchar su nombre se sublevan de espanto, las piedras al escuchar su nombre se agrietan y se hacen pedazos, espíritu del muerto, yo te conjuro, no me desobedezcas, y vete a cada lugar en el que se encuentre Heronous que Ptolemaida concibió y parió, vete a cada barrio al que ella vaya, entra en cada habitación en la que penetre, impide que coma o beba, no le dejes conocer hombre más que a mí, Posidonio a quien concibió y parió Tzenoubasdis. Arrastra a Heronous a quien concibió y parió Ptolemaida por los pelos y las entrañas hacia mí, Posidonio a quien Tzenoubasdis parió, en cada momento del año, de la noche, del día hasta que Heronous llegue a estar cerca de mí, y haz de tal manera que no me abandone hasta la muerte, y que yo la posea a ella, Heronous a quien Ptolemaida concibió y parió, que me sea sumisa a mí, Posidonio a quien Tzenoubasdis concibió y parió, durante toda mi vida. Ahora rápido, rápido, hoy mismo. Si lo cumples por mí te liberaré. Ahora rápido, rápido, hoy mismo».

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Tachy (¡rápido!) es el adverbio que indica, al epigrafista, que tiene frente a sí una tablilla mágica. Por una razón similar, la intervención del dios Tifón garantiza que el hechizo se propague a toda velocidad por los aires y que se lleve todo por delante. ¡Tachy!, puesto que se trata de apresurar al tiempo. Tifón porque se trata de alterar. Todo lo que es Tifón desencadena, derrumba, abrasa, devasta. El encantamiento se dirige al espíritu del muerto que fue elegido como intermediario. Ese necrodaimon (espíritu del muerto) es secuestrado por el que odia o desea seducir. Sólo será liberado del poder del vivo tras la realización de su tarea. El que odia o intenta seducir subyuga a un muerto para que sirva a un vivo. El muerto se ha vuelto un esclavo. El hechizado se ha vuelto un esclavo. En el encanto que lanza sobre Heronous, Posidonio no duda en tratar a la mujer cuyo amor desea como una esclava.

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Ahora citaré un encantamiento que fue compuesto por una mujer para un hombre cuyo nombre es Eutiquio. Fue escrita sobre una hoja de papiro y data de la época de Apuleyo. Fue publicada y comentada por Octave Guérard en 1934. Encantamiento lanzado sobre Eutiquio: «Al igual que Tifón es el adversario de Helios, besa el alma de Eutiquio concebido y parido por Zosima. Besa el corazón de Eutiquio. Rellénale el corazón de amor. Abrasax, besa el alma de Eutiquio, concebido y parido por Zosima. Besa el corazón de Eutiquio. Rellénale el corazón de amor. Ya, rápido, rápido, ahora mismo, hoy mismo».

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Vinculada con el encantamiento, hilvanada con 365 nudos, acostaron una muñeca al lado del papiro doblado. El cuerpo de la estatuilla masculina está desnudo. Con las mismas trece agujas clavadas. Una aguja en el cerebro, una aguja en cada oreja, una aguja en cada ojo, una aguja en la boca, una aguja en cada mano, una aguja en cada pie, una aguja en el ano y dos agujas en el sexo. El amor en la Antigüedad designa una pasión del mismo rango que la cólera, que una catástrofe meteorológica, o que una enfermedad imprevisible, es una fuerza que esclaviza, que destroza, que hace enfermar, que mata. El amor, en la extraordinaria obra de Ovidio, es simplemente o «Yo ardo» o «Yo muero». Ferus amor: el amor es salvaje. Vuelve a la gente salvaje como bestias feroces, traga como un océano, arde hasta los grados más altos como los bosques incendiados. Sobre hematitas y jaspes antiguos, Psique lleva la llama en su mano derecha e incendia otro cuerpo. Y toda el alma de manera súbita se vuelve ceniza en el interior del cuerpo incendiado que ama. Los que se enamoran se reconocen en lo que irradia de la superficie de la piel. En cuanto a Eros, él lanza su flecha, atraviesa, clava y ata para siempre. De repente el cuerpo, invadido por otro cuerpo, sufre, se atasca y no puede deshacerse de él. Es en vano que el tiempo pase, es en vano que los siglos pasen, que se caigan las pirámides, que descompongan necrópolis, que deshagan estelas, que reduzcan las tumbas al estado de piedras sin nombre, cubiertas de musgo, ese arrebato inexplicable del otro, ese encogimiento mortal, ese incendio de garriga o bosque, ese rayo en el cielo, ese tifón por los mares, continúan siendo extrañamente parecidos. En 1847, durante el mes de diciembre, aparece Cumbres borrascosas. Al final del libro el narrador describe a Heathcliff asomado al sepulcro de Catherine. La definición del amor que daba Catherine misma cuando todavía estaba viva, era la más simple posible: «Yo soy Heathcliff». Es la transferencia en estado puro. Vuelve a ser la posesión. El mismo día que ella es enterrada, en lo más profundo de la noche, mientras que cae nieve a ráfagas, Heathcliff, desesperado e inmóvil, se encuentra tendido sobre la tumba de «su» muerta. De repente se levanta. Agarra una pala. Cava en la nieve y el frío. Toca el ataúd donde Cathy está encerrada. Cree escuchar un suspiro. Tiene la impresión de que ella vuelve a la tierra, que vuelve a su lado, que lo acompaña. Su alma se apacigua. Se yergue. Coloca la pala a cubierto. Se marcha solo por la nieve. Ellos dos se marchan por la noche y la nieve. •

Traducción de Hero Suárez

Ilustración de Alejandra Acosta incluida en La cámara Sangrienta de Angela Carter (Sexto Piso, 2014).

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