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El regreso de Karl Marx | Ernesto Kavi

La tarde del 17 de marzo de 1883, en el cementerio de Highgate, en Londres, asistieron no más de diez personas al entierro de Karl Marx. Friedrich Engels leyó un breve discurso ante su tumba: «El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, el más grande pensador de nuestros días dejó de pensar (…) El vacío creado por la muerte de esta figura gigantesca pronto se dejará sentir». Marx murió en la pobreza y casi en el ostracismo. Sus libros no se vendían. Fue perseguido por la justicia, expulsado de varios países europeos, vilipendiado por todo el espectro político. Era conocido y apreciado por muy pocos. Pero esos pocos sabían que Marx era irremplazable, y que su pensamiento tendría una influencia perdurable a lo largo de los siglos.

¿Quién fue Karl Marx? Quizá la respuesta más breve, pero también la más bella, es la que pronunció Engels en su discurso fúnebre: «Fue el hombre más odiado y calumniado de su tiempo. Los gobiernos, tanto los absolutistas como los republicanos, lo expulsaron. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían unos con otros en lanzar difamaciones contra él (…) Marx fue, ante todo, un revolucionario. Su verdadera misión en la vida fue contribuir, de un modo u otro, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, al que él fue el primero en hacer consciente de su propia situación de necesidad y de las condiciones de su emancipación. Marx fue un luchador. Y luchó con pasión y tenacidad, alcanzando un éxito sin igual».

Hoy la respuesta no sería muy diferente. Marx sigue siendo uno de los hombres más odiados y calumniados de nuestro tiempo. Hoy, sin embargo, agregarían a la larga lista de reproches crímenes que en el siglo xix nadie habría imaginado: el Gulag, la Gran Revolución Cultural Proletaria en China, el genocidio llevado a cabo por Pol Pot y los Jemeres Rojos, las dictaduras en Europa del Este, el muro de Berlín… La verdadera respuesta, aquella exenta de todas esas calumnias, no sería tampoco muy diferente a la que dio Engels: Marx fue ante todo un revolucionario. Un revolucionario cuyo objetivo principal fue transformar la sociedad capitalista y su sistema de explotación en una sociedad sin Estado, donde el trabajo sería un placer y no una forma de la alienación, donde el ser humano podría desarrollar toda su creatividad, todas sus capacidades artísticas y científicas, donde la explotación y la humillación no volverían a existir, donde la realización plena de la humanidad se correspondería con un tiempo mítico, en que la naturaleza, los animales y los hombres volverían a hablar la misma lengua. No ha sido el único en tener ese sueño. La excepcionalidad en Marx radica en su realismo: para llegar a ese lugar soñado, debe ser destruido el sistema capitalista. Y Marx nos ha dado las armas para hacerlo. Él no fue un teórico del comunismo, como generalmente se afirma. Marx ha sido el mayor crítico del capitalismo. Y esa crítica es lo que desde hace tiempo quieren que olvidemos. Sin embargo, mientras el capitalismo exista, la obra de Marx será necesaria. Y siempre habrá, a pesar de las calumnias y del intento de destrucción de su pensamiento, quien resguarde su obra, quien la defienda y, sobre todo, quien la prolongue. Mientras siga existiendo una minoría que posee toda la riqueza del mundo, mientras siga existiendo la guerra civil provocada por el capital y que ha generado ya tantos muertos y desaparecidos, nuestro deber será seguir combatiendo al capitalismo. La guerra contra el dinero y su sistema de explotación, desigualdad y muerte, es un deber humano, es un deber vital. Y una de nuestras armas para combatirlo es la obra de Karl Marx.

En el doscientos aniversario de su nacimiento hemos querido rendirle homenaje, y leer y redimensionar su obra en el contexto actual. Cinco pensadores nos ayudan a hacerlo: Michel Foucault, en una entrevista inédita, reactualiza la noción de lucha de clases; Toni Negri lee la obra de Marx a través de Foucault, y la compara con su propio pensamiento; Slavoj Žižek hace una lectura del Manifiesto comunista, y desarma la retórica capitalista que lo ha calumniado; Cynthia Fleury nos explica uno de los conceptos fundamentales de la teoría marxista: la alienación; y, finalmente, Daniel Bensaïd hace una rápida descripción de todos los marxismos contemporáneos.

Deseamos que este número, por muy humilde que sea nuestra aportación, contribuya al combate que inició Marx contra la desigualdad, contra la explotación, contra las estrategias del poder, cada vez más sutiles, para someter al ser humano. Pero, sobre todo, deseamos que sea un paso más hacia la dignificación de todos los oprimidos, y hacia el nuevo mundo que, desde hace siglos, está en deuda con ellos. En la tumba de Marx está escrito:

Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar.

Ilustración de José Hernández

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