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En la competición por declarar quién tiene la primacía en la grabación y reproducción del sonido de la voz humana andan en liza franceses y norteamericanos. Los primeros esgrimen que Édouard-Léon Scott de Martinville realizó en 1860 la primera grabación sonora de la que se tiene conocimiento. Scott de Martinville había inventado el fonoautógrafo, un aparato capaz de transcribir ondas sonoras sobre un rollo de papel con hollín. Los sonidos podían grabarse, pero no reproducirse. Los segundos hacen notar la ausencia de reproducción y sitúan a Thomas Alva Edison a la cabeza. En 1877 Edison pudo reproducir un sonido grabado con el fonógrafo de su invención. Más allá de esta cuestión de primacía, es interesante prestar oído a lo que ambos grabaron en un momento tan transcendente para la historia de la reproducción oral en su forma mecánica.

Gracias al colectivo First Sounds, en 2008 hemos conocido que Scott de Martinville grabó el principio de la segunda estrofa de la canción Au clair de la lune, una canción popular infantil de la que no se conoce autor y de la que se tiene conocimiento desde el siglo XVIII. De hecho, Scott de Martinville no la cantó sino que sencillamente la recitó. Para entonces contaba cuarenta y tres años.

Edison tenía treinta años cuando grabó Mary Had a Little Lamb, una canción popular infantil del siglo xix, también anónima. Según sus propios testimonios tampoco cantó, afirma que gritó la canción. Después de la grabación Edison, acompañado de su ayudante John Kruesi y otros miembros de su equipo, se escuchó a sí mismo y explicó que jamás se había sorprendido tanto y, aún añadió que le daban miedo las cosas que funcionan a la primera. Esa grabación sin duda funcionó.

Ni Scott de Martinville ni Edison cantaron, pero ambos recurrieron a una canción infantil para inscribir su voz en un instrumento mecánico. Ambos trazan sobre sus instrumentos un ritornelo infantil popular cargado de afectos en los que se mezcla su propia infancia con la de tantos otros. Pero ninguno canta esa canción que desde hacía tiempo rondaba por su memoria.

Cantar es un modo de desencajar la voz del discurso hablado, de transportarla a otros parajes como los de la infancia. Cantar es guardar una memoria que circula por los rescoldos de un sentir que se activa con cada entonación. Por eso, dejar de cantar y en su lugar recitar o gritar una canción infantil para grabarla y reproducirla por primera vez, se convierte en una premonición.

Edison se escuchó y su voz era y no era su voz. Sintió miedo ante la sencillez con la que el aparato le devolvió su voz sin necesidad de su soporte corporal. El ritornelo del fonógrafo le devolvió su voz sobre otro cuerpo. La voz no circulaba por su interior y establecía una relación autónoma con el exterior, con otros oyentes como él. Su voz era otra y podía ser repetida. El ritornelo del fonógrafo inauguraba la circulación de las voces con cuerpo mecánico. El ritornelo del fonógrafo iniciaba un canto propio, el nuevo canto popular que todos hemos aprendido a entonar.

Carmen Pardo

Carmen Pardo es doctora en Filosofía por la Universidad de Barcelona y ha sido investigadora residente postdoctoral en la unidad IRCAM-CNRS de París. Actualmente es profesora de Historia de la Música en la Universidad de Girona y forma parte del profesorado del máster en Arte Sonoro de la Universidad de Barcelona.

Foto de Archives New Zealand en @Flickr

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