Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

El Señor Cerdo | Abril 2017

El Señor Cerdo procura con esmero balancear su apretada agenda como entrepreneur y mente creativa, sin descuidar por supuesto jamás los rubros de la socialización, la diversión y los excesos, pues una experiencia de vida óptima necesariamente debe de tomar en cuenta todos los elementos mencionados con anterioridad. Sin embargo, hasta cuando el Señor Cerdo se encuentra en Modo Diversión, procura pasar el tiempo exclusivamente en los sitios indicados, con la gente correcta, para que incluso si aparentemente se encuentra en su faceta de distensión, en realidad esté siempre obteniendo algo a cambio de cada instante en el que irradia a su entorno con su magnética personalidad.Fue bajo estas premisas que recientemente el Señor Cerdo se encontraba en la fiesta de aniversario de una importante productora de comerciales, o algún evento similar, poblado por supuesto por una concurrencia VIP, cuando advirtió que su carisma había causado el ocasional efecto en una chica que bailaba sola en la pista, un tanto desorientada por una posible ingesta excesiva de sustancias. El Señor Cerdo decidió adoptar la estrategia de azuzar su deseo a través de mostrar indiferencia, y cuando la chica contraatacó fingiendo a su vez indiferencia ante la indiferencia del Señor Cerdo, decidió compadecerse de ella y aproximarse armado con dos cocteles estrambóticos, estratégicamente calculados para aliviar cualquier tensión inicial, así como sumirla otro poco más en un estado de confusión proclive a aminorar cualquier potencial defensa contra la ofensiva del Señor Cerdo.

Como el Señor Cerdo a su vez también había ingerido diversas sustancias psicotrópicas que convirtieron al resto de la noche en una mancha confusa de recuerdos velados, imágenes aisladas, olores, sensaciones y sonidos estridentes, cuando abrió los ojos al mediodía siguiente, inmerso en una gran bruma psíquica y emocional, el Señor Cerdo se dio a la tarea detectivesca de armar el rompecabezas de su noche desenfrenada. A partir de algunos rastros de una presencia femenina vagamente presente en algún lugar de su mente, intuyó que tras la fiesta la chica en cuestión había tenido el placer de volver a casa con el Señor Cerdo. Conforme ahondó en el esfuerzo por desentrañar lo sucedido, acudieron retazos de los confusos intentos de la chica por negarse a concluir lo que ella misma hubiera iniciado, cuestión que en un comienzo el Señor Cerdo interpretó como un juego sexual más, por lo que asumió su papel de macho alfa y decidió continuar adelante. Cuando el ulterior recuerdo de la situación amenazaba con mostrarle al Señor Cerdo una faceta de sí mismo que en algún sentido pudiera resultarle incongruente con su discurso de tolerancia e inclusión, luminoso, prefirió darle carpetazo al asunto, recordándose que no sólo no recordaba nada de lo sucedido, sino que era intrascendente continuar dedicando tiempo a un asunto tan irrelevante pues, después de todo, toda mujer que se precie de serlo debería de conocer la naturaleza intrínseca de un macho de verdad como el Señor Cerdo, así que en primer lugar no debió de colocarse en esa situación. Con ello, el Señor Cerdo dio carpetazo a un episodio más de sus andanzas, seguro de que esta nueva experiencia continuará contribuyendo a hacer de él esa criatura tan especial y propia de su época.

Written by
No comments

LEAVE A COMMENT

*