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El Señor Cerdo | Enero 2017

A pesar de que la app en la que el Señor Cerdo tiene planificada su esperanza de vida le indica que aún no está en la fase en la que deba incrementar la relación entre momentos atesorables y momentos productivos, el Señor Cerdo es consciente de que el tiempo no pasa en balde, y ahora que se encuentra en la adultez temprana se sabe en la flor del disfrute hedonista que sólo la gente con su acceso a lo más selecto de la sociedad puede disfrutar. Por eso, el Señor Cerdo organizo con sus más íntimos best best friends un Weekend at Vegas para planear las festividades de año nuevo, y asegurarse de que se encontraran en el Top 5 de los que había disfrutado hasta ese momento, meta que se ha propuesto mínimo igualar durante el resto de su vida. Precavido como es, grabó en Voice Memos los detalles de los preparativos, por si acaso los excesos propios de su estirpe le impidieran recordarlos con posterioridad.

Con la satisfacción que proporciona aventajar a los demás incautos en el arte de maximizar la experiencia de vida, el Señor Cerdo se aprovisionó de las drogas necesarias para conducirlo a través de la velada, diseñando cuidadosamente en un archivo de Excel la hora aconsejada para ingerir las diversas dosis y tipos de sustancias, a partir de una fórmula que considera variables como el mood, la música, el tipo de concurrencia y el cansancio acumulado según la hora correspondiente. Así, mientras terminaba de aplicarse su after-shave y despeinaba cuidadosamente su cabello tras aplicar una fina capa de gel sujetador, se tomó un par de shots antes de dirigirse a su primera parada de la noche: una fiestuki de un productor de comerciales con quien el Señor Cerdo se encontraba cerrando unos deals, donde le habían prometido que tocaría el afamado dj Are You Kidding Me, y que habría un selecto grupo de edecanes contratadas para departir con la concurrencia en tan notable ocasión.

Debido a que el Señor Cerdo follows no rules, ni siquiera las que se ha establecido a sí mismo, se dejó llevar por el frenesí de apreciar a pura gente preciosa bailando en un espectacular roof garden, con una vista panorámica de la ciudad, con lo cual tiró por la borda su plan toxicológico y procedió a administrarse un jugoso candy flip, puntuado para atemperar la ansiedad por unas cuantas rayas de cocaína, acompañado de shots de Jaggermeister bebidos en compañía de sus amigos más íntimos. Como resultado, los recuerdos del Señor Cerdo se componen de una maraña de flashazos y sensaciones, corroboradas por las fotos y videos que encontraría tras despertar en su hogar a la noche siguiente, acompañado de dos lobukis que se marcharon tan pronto despertaron, sin que el Señor Cerdo pudiera averiguar quiénes eran ni cómo habían terminado con él en su departamento.

Entre los highlights de la noche el Señor Cerdo recuerda vagamente haber humillado a gritos a un mesero por demorarse en traerle su bebida, así como ser sacado a empujones de la fiesta por haber orinado en una fuente ubicada en uno de los costados. Posteriormente, tras haberse vomitado la camisa de diseñador en el Uber que lo condujo hacia un after, el Señor Cerdo debió sobornar al cadenero para que le permitiera pasar a recomponerse con unas rayas en el baño, y por el aspecto de las lobukis que despertaron a su lado, intuye que debe haberlas encontrado en un segundo after de menor categoría, del que ya sólo le queda como testimonio el sello borroso estampado en su muñeca derecha.

Antes de tomarse un par de pastillas para dormir a manera de poner fin a su loca recepción del nuevo año, el Señor Cerdo sonrió con satisfacción para sus adentros, pues sin duda sentó el tono para un año más en donde el mundo seguirá contando con la fortuna de ser agraciado por su presencia.

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