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El Señor Cerdo | Marzo 2017

El Señor Cerdo siempre se ha sentido atraído por cualquier tipo de filosofía que pueda contribuir a potenciar diversas facetas de su personalidad, incorporando perlas de sabiduría en el camino hacia el perfeccionamiento de su ser en el que consiste su vida. Por eso, cuando hace poco se encontró en el bote de basura de su edificio una antigua edición de un libro con frases profundas orientales, logró dominar el asco que le producía tocarlo y con dos dedos consiguió trasladarlo hasta su casa, para solicitarle a la señora de la limpieza que lo desinfectara a conciencia, de manera que el Señor Cerdo pudiera adentrarse en sus preceptos. Tras diez minutos de luchar contra la legendaria atención flotante que ha hecho del Señor Cerdo un maestro del multitasking, se encontraba a punto de concluir que los refranes sin sentido no le servirían ni para adornarse en la próxima ocasión social donde requiriera impresionar a la concurrencia, y cuando se disponía a arrojar el libro nuevamente a la basura, una frase captó su atención hasta dejarlo en un estado similar al trance, procurando descifrar el significado que debían tener en su vida las palabras: «La gota que se incorpora al torrente lo modifica tanto como el torrente modifica a la gota».

Tras unos días de insomnio que el Señor Cerdo combatió con una mezcla de pastillas para dormir combinadas con whiskys en las rocas, que le indujeron una especie de duermevela etílica que le pareció más conducente que su estado base para recibir a las epifanías que lo acechaban entre las sombras, finalmente comprendió lo que esa frase se había encargado de transmitirle a él y sólo a él: un ser tan especialmente dotado como el Señor Cerdo brillaría más al compartir sus dones con el resto de la gente, por lo que, ni tardo ni perezoso, comenzó a buscar online alguna causa a la cual sumarse, para así poder devolver un poco de la inmensa fortuna que le ha significado en todos los sentidos ser quién es.

En un nuevo giro de su particular relación con el destino, en breve encontró una protesta a la que todos los principales líderes de opinión parecían sumarse, por lo que decidió que marcharía acompañado de las selectas luminarias de la comentocracia, quienes nada más verlo reconocerían en el Señor Cerdo a uno de los trendsetters de mayor influencia en un futuro ya muy próximo: el torrente de los elegidos se vería sacudido en lo más profundo de su cauce con la incorporación de una gota tan talentosa como él. Sin embargo, llegado el gran día, los planes del Señor Cerdo fueron engullidos por el torbellino de la desorganización, pues de inmediato pudo darse cuenta de que ni los propios líderes de opinión consiguieron ponerse de acuerdo en cuanto a la dirección que debería tomar la protesta, y el Señor Cerdo terminó marchando en diversas direcciones, enfrentándose por momentos a quienes unos minutos antes eran sus compañeros, hasta que su cabeza era un hervidero de consignas y pancartas que competían entre sí para abrirse paso en su conciencia. Afortunadamente, tras perderse involuntariamente por algunas calles aledañas a la protesta, el Señor Cerdo se topó con una sucursal de su restaurante de carnes favorito, donde pudo refugiarse al amparo de un buen corte con su respectivo vino, hasta que logró restablecer la calma en todos sus sistemas internos, con la plena comprensión de que la sociedad aún no se encuentra lista para recibir la luminosidad que el Señor Cerdo ha sido llamado a proporcionarle.

Foto de NessieNoodle en @Flickr

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