Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Soy Wenceslao Bruciaga. Wences para la raza. Tengo cuarenta años, soy fan enfermizo de Dinosaur Jr. Soy puto, tan jodidamente patriarcal que me obsesionan los tamaños. Me gustan los mayores y que la tengan grande. Lo sé, no necesito tirar mil varos al basurero junto al diván de un consultorio lacaniano para descubrir que tengo daddy issues, pero qué más da, el que no tenga issues seguro es un aburrido sin perversiones consensuadas que del misionero no pasa, de esos que suelen pasar desapercibidos bajo el diagnóstico de buena salud mental. Me vale madres si padezco un grado de enfermedad degenerativa de la estabilidad emocional, mientras la pornografía entre hombres no me harte y no dejen de fabricar poppers en el mundo, me siento cómodo dentro de la enfermedad, debo tenerla, dicen que la adicción es una enfermedad y yo soy adicto a las orgías de las siete de la mañana y los discos que me ponen a llorar en la cruda de las orgías, como los de Tragically Hip. Padezco de sensibilidad desbordada. Tampoco me interesa curarme. Si bien a veces me atormento por cualquier jotería, un estado de salud jubiloso de óptimo me sabe a meta desabrida, pero no me hagan caso, soy un caso perdido, tan sólo estoy externando una opinión que nadie pidió. Sé que hay algo llamado paz interior, pero esa me la da cualquier disco de los Cowboy Junkies, así que ahí la llevo. Me acusan de exhibicionista, de dar información de sobra, pero es lo que soy, ¿por qué tendría que callarme? Cada que compro el Récord en el puesto de periódicos tengo que soplarme un montón de tetas a la vista de todos y no hago desmadre. El mundo es tan grande que caben cinco océanos y las perversiones de todos. Y que se callen los que se avergüencen de su propio cerebro.

A lo que voy es a que me da igual si estoy enfermo o no de homosexualidad. Sé que la oms eliminó mi orientación sexual de su catálogo de enfermedades cuando yo tenía trece años y se agradece el dictamen, pero nunca he sido de rendir cuentas a nadie y la equívoca propensión huraña es algo que persigue a los Bruciaga laguneros por generaciones, quizás eso ayudó a que pudiera combatir la inevitable homofobia de un modo más sencillo.

Con todo el desmadre ocasionado por Mauricio Clark, que siendo justos nunca mencionó la palabra curar (en realidad, aquel reportero oligofrénico, de protagonismo elemental y humor chismoso que daba notas de espectáculo en el noticiario de Loret de Mola hijo, dijo, sanar), me pongo a pensar que los homosexuales seguimos sin superar nuestros demonios.

Muchos gays se tomaron sus palabras a modo personal, como insulto y declaración de guerra. La sanación de Clark apestaba a traición y desertor del orgullo homosexual que hoy día puede contraer matrimonio firmando cláusulas de fidelidad. La ciudadanía lgbttti+ se apresuró a refutarle la sanación mediante el #Noestoyenfermx en el que defendían su estado saludable con lo que más bien parecían ser currículums de candidatos a algún puesto de trabajo mamón:

Soy Carlos, Soy director creativo de una agencia de modelos trans vih indetectables, Tengo mi propia línea de mezcal, Soy sagitario y #Noestoyenfermx

escribían vanidosos, desesperados por alienarse en el envoltorio de la normalidad, dejando claro el complejo de inferioridad que les genera el placer de la homosexualidad. Verlos defenderla y defenderse esquivando toda perversión o analogía anal me despertó patética ternura: sin querer, atizaron la misma fullería de normalidad asexuada, casi célibe que tanto alaba Clark, sólo que desde la postal progresista que reduce al actual hombre gay a un tipo enfundado en Dockers que se besa con su bato en el pasillo de un mall liberal. Por ahí andan los nuevos queers tirando estereotipos, pero están más preocupados en salvar al mundo de las garras del patriarcado binario, regañando a todo aquel que no les preguntó su opinión, dejando huellas en las redes sociales, que no creo que tengan tiempo de mamar verga.

Dicen que el hashtag fue contra la discriminación, pero, ¿cómo combatir la homofobia rindiéndose a la percepción de la normalidad cuya función es precisamente señalar y segregar a todo aquel que rompe el molde?

Twitter: @distorsiongay

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