Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

Espacio negativo | mayo 2018

Por Abraham Cruzvillegas

La jerga es el lenguaje.

Si cupiera en la imaginación, en su multiplicación geométrica, el chiste pudiese —si quisiese— ser.

Por donde se le vea, el cubo está pasado de moda.

En la arrogancia inocente de la retórica del político abunda la metonimia tartamuda.

¿Cuándo íbamos a dejar de pensar -valga la redundancia- en la abolición del trabajo?

De grano en grano se colma la paciencia del adolescente.

En la épica inestabilidad precaria del guerrillero se finca el aroma de los perfumes más caros.

¿Cuántas veces -sin cortarse las uñas- se pueden contar las veces que pensamos en los dedos?

Sin maíz no hay maíz.

La disociación del hambre de su inherente estupor la vuelve poco creíble, a menos que la ideología la atraviese.

¿Qué tanto se siente la mula parte de la recua?

La historia del guerrillero que accidentalmente se tira un plomazo en las nalgas, en un transbordo de la línea dos del metro, donde hay una pirámide azteca, en horas pico.

Cuando venía para acá me encontré un pingüino, etcétera…

La abstracción es manifestación casi pura -aún turbia- de la incapacidad humana de comunicarnos.

No llores bella criatura, mejor híncate a rezar… oye.

Aquí se rompió una jerga.

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