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Espacio negativo | Noviembre 2017

Extasiado en sus primeros fervores, confundía la fuente de placer entre la métrica y la rima de los alejandrinos paranomáticos vespertinos con el abismo que se forma entre los pechos sonrientes detrás de la siempre translúcida blusa de la vendedora de dulces, trata de organizar endecasílabos sibilantes y desalentadores para pedir su golosina —siempre esperándolo en la repisa más baja de la vitrina— de maneras distintas cada vez, todos los días después de la comida. Y aunque la señora se apercibe a sí misma del pubescente, se desabotona dos ojales cuando lo ve venir, pensando en voz alta «chamaco mamón», no sin salivar un poquito.

Muy buenas las tenga doña Carmela,
Un Tin Larín plis y una coca al tiempo
Aquí mismo rápido me la bebo,
Mientras como una oblea de cajeta

Me las como a puños esas gomitas
Poco a poco se deshacen en la lengua,
Y mi saliva ya no tiene tregua,
Su dulzura ningún manjar imita

Desde aquí se le ve hasta la canela,
Si usted se agacha yo perfecto observo
Del gusto me emociono y babeo,
Ya todo se me antoja de su tienda

Yo quisiera hasta donde usted permita,
Meterle toda la mano sin mengua
A su escaparate de siete leguas,
Como penetra el panal la abejita

El muchachillo feliz se aleja levitando enajenado y vuelve a su changarro, en donde satisfecho como bebé recién alimentado festeja aporreando las teclas de la pesada Olivetti metálica verde grisáceo que su madre conserva con todo y estuche desde los días en que trabajó en la cosmética trasnacional Revlon (antes de ser contratada como contadora en el Bazar de Sábado, donde conoció a aquel hombre con un bastón que la invitaría a un concierto de órgano en el Convento del Carmen, premonición absurda e improbable que reunía todas las pistas que la llevarían a su destino —sexuales: el instrumento, musicales: los teclados, culinarias: los pambazos de la feria y onomásticas: un quince de julio, día del seráfico doctor San Buenaventura—), en aquel edificio sureño próximo a la excéntrica edificación del bauhausiano en reversa que acabó matándose tres veces, donde se reúne la colección de arte precolombino del celebérrimo comunista cubista concubinista, en medio de los hermosísimos pedregales de Coyoacán: un híbrido de pirámide de rocas volcánicas con objeto volador no identificado, con sus leves y casi imperceptibles ventanas (salvo la enorme del que hubiera sido estudio del panzón de marras), como los dientes de la dependienta de la dulcería, con hartas tapas y prótesis metálicas que fulguran cuando algún rayito de luz —natural o no— impacta su cavernosa cavidad, acalambrada de tanto mascar neciamente ese chicle insípido y endurecido, como su pito, colmado de sangre.

abrahan-cruzvillegas

Abraham Cruzvillegas es uno de los artistas más importantes en la actualidad. Su vasta obra, compuesta de esculturas, dibujos, grabados, videos y ibros, tiene en el proyecto AUTOCONSTRUCCIÓN su eje más emblemático.

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