Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Eyvi estás ahí mirándome tranquila
tu piel tersa de niña brilla a contraluz me esperas
esperas la respuesta contada
el grito la rebeldía la instancia incómoda la duda al menos.

Hija te descubro sola en tus esfuerzos, estás ahí trabajando estudiando con tu 22 frescos
como ramaje de eucalipto
tu flor es derramada en los medios fotos tuyas circulan
se murmura lo que pasó,el terror y la muerte irrumpiendo.

Pero las distancias se abolieron y yo que de ti nada sabía
hoy soy tu madre y sueño contigo
y me miras incandescente
del otro lado del Hades intacta preguntando por mí y las demás mujeres
donde están qué hicieron qué esperan para abrazar a sus hijas y arroparlas cada noche.

Qué esperan para salir al umbral de la puerta tratando de descifrar una figura familiar acercándose
es ella, la hija, la sobreviviente aquella que partió en la mañana como Eyvi y que vuelve
por fin vuelve.

Así me mira desde allá
esa hija que recién tengo y ya perdí como tantas otras
porque no importa tanto el asesino pobre piltrafa sin nombre
puesto que el brazo que acciona somos todos todas
quienes vieron pasar un día
esa sombra esa maldita mentira ese oprobio ese gesto ese insulto esa bajeza ese golpe
sin decir nada
esa madre que crió a su hijo en la maldita vergüenza de la desigualdad
quién le habrá hecho creer que podía no siendo más que polvo al final.

Y por eso Eyvi ahí estás con tu mirada de miel reclamando
después de la agonía apostada a mi vera
al borde de mi conciencia y me apareces de noche brillante como una estrella mientras en mi alma
luchan el corazón y la lengua las manos y el pezón reseco porque tu madre fui
como otras
y se me fue tu mano de la mano y me quedé vacía.

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