Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

Gorditos cagados del rock

La semana pasada una noticia azotó (literalmente) el mundo del rock. Michael Lee Aday, mejor conocido como Meat Loaf, se colapsó sobre el escenario mientras ofrecía un concierto en Edmonton, Canadá. A propósito de este puercazo, aprovechamos para recordar a cuatro estrellas de rock comprometidas con el consumo calórico. El talento y la obesidad no están peleados, aunque en ocasiones no resulten proporcionales. Todo habitante del big size sabe que para abrirse campo en el mundo de la música no basta con estar masudo, también hay que estar muy cagado. Sí se puede ser un ídolo estando cerdo. Ejemplos abundan: Adele, Frank Black o Black Francis, y hasta Jonás, de Plastilina Mosh.

  1. David Thomas, de Pere Ubu

La apoteosis de David se puede observar en YouTube. En el video de su presentación en el programa Night Music. Fajado como si estuviera en sexto de primaria, el vocalista interpreta «Breath». Son los cuatro minutos más extáticos que hayan experimentado jamás lonjas algunas. Exaltado, poseído, como en una especie de transe de triglicéridos, David se desgañita sobre el escenario. Se golpea, utiliza cada gramo de grasa para imprimirle pasión a su interpretación y se retuerce como si estuviera haciéndole el amor a una torta de tres pisos. Es un Stay Puft (el monstruo de malvavisco de Los Cazafantasmas) de carne y grasa. Sus cachetes son lo más atractivo de su personalidad. Pese a su tonelaje es bastante ágil, como hipopótamo de Disney. En la actualidad ha perdido peso, tampoco tanto para escapar a la categoría del choby. Pere Ubu no atraviesa por su mejor momento. Como ocurrió con Sansón, que al quitarle la cabellera perdió fuerza, la música de David Thomas perdió brillo cuando bajó unos kilos.

  1. Michael Lee Aday, de Meat Loaf

Cómo olvidar «Dead Ringer for Love», su dueto con Cher (la Alaska región 1). La señora gorda y la travesti (parece que en la actualidad intercambiaron papeles, ya no se sabe cuál de los dos es cuál). Dos días después del accidente en Canadá, un comunicado de prensa reveló que Meat Loaf se había desplomado debido a un problema de deshidratación. ¿En serio? Pero si lo que más hace el cantante es retener líquidos. Se rumora que antes del concierto la banda fue a comer. Según el manager, le advirtió al vocalista que no se comiera ese último hot dog. Pero el comentario fue ignorado. Y en el momento justo de darle la mordida, el restaurante comenzó a dar vueltas, como si se tratara de un viaje de ácido. Minutos más tarde se suspendió el show, por el exceso de grasas polisaturadas.

  1. Victorino

150 kilos de rock era el slogan proporcional de Victorino. Pero estaba equivocado. Debieron ser 550. 400 de él y otros 150 de todo el equipo, guitaras y amplis incluidos. La culpa de su muerte la tuvo Cerati. Al parecer, Victorino se tomó muy en serio lo de «Te hacen falta vitaminas». Después de versionar esta rola de Soda Stereo, su salud se deterioró. Las tres cubetas de grasa que le sacaron en la liposucción que le practicaron no fueron suficientes para salvarlo. En 1995 murió de un ataque al corazón. Pero fue por amor. Por amor a la comida. Su partida dejó un vacío muy grande en el mundo del espectáculo (por obvias razones). Porque además de su sobrepeso y su simpatía era un galán. No sabemos si las mujeres lo admiraban por su éxito o porque se podía despachar dos cabritos en una sentada. Madre de todos los bypass gástricos, su popularidad le valió para vender varios millones de discos. Algo que en el presente no consiguen ciertas escuálidas estrellas del pop.

  1. Elvis Presley

La bestia de las pastillas, el rey de los asediados por el sobrepeso, Elvis, lo sabemos, no fue gordo siempre. Sólo hacia el final de su vida. Y tal prodigio se lo debemos a la dieta que manejaba. Se comía varios Peanut Butter al día. Un sanduich monumental de plátano con crema de cacahuate y tocino. Puñaladas directas al corazón, fueron su perdición. Y los culpables de que en los setenta el Rey viviera eternamente con una faja de señora junto a su cintura. Sólo así entraba en los trajes countrys que lo distinguían al final de su carrera. Con su capita tan mona. Y sus lentes Carrera. Ni marrano perdió el estilo, aplausos para el Rey. Pero no dejaba de verse un poquito ridículo. Pero qué importaba lo cagado que se mirara. Ya nos había conquistado. Era demasiado tarde para aplicarle la ley del hielo. No sólo la droga y el alcohol destruyen a las estrellas de rock, también la comida. Cualquiera que desee experimentar un poco lo que es la fama, que se prepare un Peanut Butter. A ver si tolera tal inyección de ácido úrico. Para que vean por qué Elvis era y sigue siendo el Rey.

Nota de los editores: fuentes confiables han informado a la redacción que el autor de esta columna, tras asistir recientemente a un concierto de The Who en San Diego, al día siguiente cruzó la frontera a Tijuana en un estado de intoxicación tal que se derrumbó dos veces en la banqueta, en lo que se ha comenzado a llamar en las redes sociales «el meatloafazo de la Bestia».

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Written by
No comments

LEAVE A COMMENT

*