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Hey man, slow down (20 años de OK Computer)

Por Carlos Velázquez

Hace unos meses OK Computer cumplió veinte años. En su momento la efeméride no me estremeció. Pero este 2018 me ha agarrado escuchando obsesivamente la rola «The tourist». Y ha lanzado a mi memoria a una regresión emocional. Qué hacía en el 97. Quién era yo. Y dónde estaba cuando el disco salió.

La Generación X agonizaba. Y aunque había discos enormes, The Mellon Collie & The Infinite Sadness (1995), que todavía mantenían vivo al grunge, o a la nación alternativa, no existía un disco que tuviera el impacto generacional de Nevermind. La ola inglesa ya comenzaba a dominar el gusto de las masas, el abanderamiento de Blur y Oasis era imparable. Entonces, Radiohead vino a plantar otra clase de bandera. Lanzó un álbum de una universalidad que antes sólo había podido esgrimir Nirvana.

Thom Yorke tiene toda la razón en odiar «Creep». Desde que sonó en la radio se convirtió en una especie de «Smells Like Teen Spirit». Incluso me atrevería a decir que más allá. No tiene la carga cultural de la rola de los Seattle, pero sin duda ha sido más covereada.

Yo, como muchos partidarios del grunge, reaccioné tibiamente a la avanzada inglesa. Le hacía falta entrenamiento a mi oído. Y aunque ya empezaba a desarrollar un amasiato auditivo con Blur, la mayoría de bandas me parecían sosas y aburridas: excepto Radiohead.

Desarrollé, como la mayoría, una relación amor-odio con Radiohead. Por un lado, detestaba Pablo Honey, hoy incluso me cuesta volver a él, y por el otro amaba con pasión desmedida The Bends. En esos años de educación sentimental tenía los oídos tapados. Y Johnny Greenwood fue uno de los que me despejó el exceso de cerilla. Lo que no hacía match en mi cerebro era el Radiohead de Pablo Honey y el de The Bends: parecían dos bandas por completo distintas. Sí, su debut contenía la semilla, pero ese germen no anunciaba el salto cualitativo que vendría después.

Tampoco The Bends predecía a OK Computer. Sin embargo cuando el video de «Street Spirit» se trasmitía por MTV, Radiohead ya se encontraba en otro momento creativo. La prolijidad de la banda del 93 al 95 alcanzó para publicar The Bends y cocinar OK Computer. Mientras en vivo tocaban las canciones de su segundo disco componían y grababan las piezas del siguiente. Esa capacidad de Radiohead para duplicarse no la tenía nadie. Era dos bandas distintas.

En 1998 yo trabajaba en una tienda de discos. Mi vida era la música. Trabajaba toda la semana para el sábado irme a casa sin un peso. Literal. Sin varo pa chelas, pilas pal walkman, anfetaminas o un tortillón siquiera de frijoles. Invertía todo mi sueldo en CD’s. Hasta pedía fiado, a mi patrón. Me encerraba en casa a escuchar los discos hasta el hartazgo. Las lyrics de los booklets eran mi literatura. Tan importantes como leer a Kerouac. En aquellos años la importancia de un CD era crucial. Recuerdo que en el 2000 corté a una novia que tuve porque me perdió la primera edición del Kid A. Incluía un cómic. Perdió mi disco y terminé con la relación.

Mi primer encuentro con OK Computer fue en 1995. Antes de navidad arribó a la tienda un disco llamado The Help Album. Era un compilado a favor de los niños víctimas de la guerra de Bosnia-Herzegovina. El charity album traía rolas de The Stone Roses, Manic Street Preachers, Blur et al. E incluía «Lucky» de Radiohead. Me voló la puta cabeza. Me ocurrió lo mismo que con Pablo Honey y The Bends. Se me antojaba una distancia insalvable entre el segundo disco y el que sería el tercero. Todavía no sospechábamos los niveles de clarividencia que Radiohead ostentaba. Como la teoría que dice que predijeron la caída de las Torres Gemelas en Kid A. Dicha teoría está explicada rola por rola por Chuck Klosterman en su libro Killing Yourself to Live.

Descreído, como todo fan de la música, me costaba creer que Radiohead hiciera canciones como «Lucky». No sospechaba de lo que trataría OK Computer. Ni siquiera sabía que se llamaría de tal forma. Le ponía repeat a la pinche rola con la esperanza de que sacaran ya el nuevo disco de una puta vez. Pero faltaban tres años para eso.

El video animado que más tenía presente en aquellos años era «Three Little pigs» de, of all bands, Green Jelly. Un chiste. Entonces vino el video de «Paranoid Android» y para mí fue como el viaje del hombre a la luna. Radiohead eran los voceros del Nuevo Testamento de fin de siglo. Me recuerdo a mí mismo babeando frente al televisor. Un año después Pearl Jam hizo su propia versión del apocalipsis con el video de «Do the Evolution». Pero era demasiado tarde. El daño estaba hecho. Siempre que pienso en un video animado de rock el primero que acude a mi mente es el de «Paranoid Android». Para usar una hipérbole de esas que tanto le fascinan a los posmodernos: es el Súper Bowl de los videos de rock animados.

Como quizá le ha ocurrido a otros, mi obsesión con OK Computer, el disco, quedó atrás hace mucho tiempo. Ya no lo escucho de principio a fin. Pero todo el tiempo una canción me acompaña. Un tiempo fue «Climbing up the Walls». Otro estaba bien clavado con «Electioneering». Y también con «Let Down». Pero mi parte favorita del álbum es su desenlace. Ese dúo dinámico que conforman «Lucky» y «The Tourist». Tengo OK Computer en vinil. Es un álbum doble. Lo he puesto miles de veces. Pero sólo tocó las dos últimas canciones de lado D.

Unos días antes de mi cumpleaños, de madrugada, en una habitación a oscuras alguien me dijo turista. Desde ese momento y hasta el presente, pasando por mi cumpleaños número cuarenta, no he hecho otra cosa que escuchar compulsivamente la rola de «The Tourist». Siempre que hablamos de productos especulamos en cuál es el mejor arranque de una novela o de un disco, pero nunca de cuál es el mejor cierre. Si hay un cierre que yo tenga tatuado en la memoria es el de OK Computer.

Que una persona me haya calificado de turista me lanzó de hocico hacia un hecho concreto. OK Computer cumplió veinte años y yo cuarenta. Y que en esas dos décadas he sido un turista. Pero soy alguien que va de paso, porque estoy aquí y soy rabiosamente terrícola, terreno, oriundo. Soy un turista porque sigo lidiando con lo mismo. Hace veinte años peleaba hasta el último centavo para comprar discos. Continúo en la misma situación. Haciendo malabares para arañar un peso para comprar música, la diferencia es que ahora tengo una hija y que además de ese gasto tengo que mantener un departamento para que ella viva, pagar unas clases de piano y natación, etc. Pero sobre todo porque si hay algo que me definía a la perfección en el 97 y ahora mismo son unos versos de «The Tourist»: «Hey man, slow down // Slow down // Idiot, slow down // Slow down»: no hay mejor canción para describirme en esta etapa de mi vida.

Después de que me llamaran turista escuché la canción y me vi a mí mismo ese día que salí de la tienda de discos con el cd de OK Computer directo a mi casa. Mentalmente me iba recomendando: Eh, Idiota, tranquilo. Y desde ese momento no he dejado de repetírmelo.

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28
Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara,
Mexico, Viernes 5 de Diciembre ,
2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Ilustración de José Hernández

 

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