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¡Humanicemos el transhumanismo! | Edgar Morin

Los motores que propulsan la nave espacial Tierra, ciencia/técnica/economía, ya comenzaron a preparar dos futuros antinómicos y, sin embargo, inseparables.

Uno es catastrófico, el otro es eufórico.

El proceso catastrófico, que no es seguro, pero es probable, es previsible:

  • Continuación de la degradación de la biósfera, con deforestaciones masivas, reducción de la biodiversidad, calentamiento climático, destrucción de la fertilidad de las tierras debido al efecto de la agricultura y la ganadería industriales, contaminación múltiple y, en consecuencia, degradación de las condiciones de la vida humana, a través de un consumo insano, de emanaciones tóxicas y de migraciones masivas;
  • Continuación de las crisis de las civilizaciones occidentales y tradicionales, y aumento de las angustias y desesperanzas que alimentan las regresiones políticas, las regresiones mentales, los nihilismos y los fanatismos;
  • Continuación del sonambulismo de los dirigentes políticos y económicos concentrados en la inmediatez y disponiendo de un pensamiento binario incapaz de percibir y de concebir la complejidad de lo real;
  • Continuación del reino de los expertos del saber clasificado y unilateral, y de la impotencia del mundo intelectual para aprehender los problemas vitales de la humanidad.

Todos esos procesos están destinados a mezclarse entre ellos, a reforzarse y producir conflictos y/o catástrofes en cadena.

Sin embargo, paralelamente el triple motor ciencia/técnica/economía ya ha comenzado a revolucionar al ser biológico y al ser social de la humanidad. De hecho, el transhumanismo, como el catastrofismo, ya ha comenzado.

Primero, la posibilidad de prolongar la duración de la vida individual sin envejecer ya está contemplada, a través del uso (todavía no controlado) de las células madre, de órganos artificiales y de la vigilancia de las medicinas predictivas.

Segundo, la posibilidad de que los robots y las máquinas inteligentes efectúen todas las tareas lamentables, aburridas y de seguridad, ya también está prevista. Ya tenemos incluso robots de compañía para satisfacer las necesidades afectivas.

En tercer lugar, la colonización de otros planetas, perspectiva más lejana, ya está contemplada con la preparación de una primera colonia piloto en Marte. La historia de la humanidad siempre ha sido increíble desde la emergencia del Homo sapiens, por ello no podemos excluir lo que ha imaginado la ciencia ficción, es decir, la violación del espacio-tiempo gracias a un nuevo descubrimiento.

Sin embargo, esas tres perspectivas están parasitadas por tres mitos o ilusiones, y por una gran ignorancia.

El primer mito es el de la inmortalidad a través del rejuvenecimiento indefinido e infinito. Al parecer, las bacterias y los virus, debido a su aptitud para mutar y para adquirir defensas, amenazarán sin cesar las vidas humanas. Los riesgos inevitables de accidentes enormes, de explosiones y de atentados masivos destruirán irremediablemente los cuerpos.

De cualquier forma, nuestro Sol morirá, arrastrando a la muerte toda la vida sobre la Tierra. Y como es altamente probable que nuestro universo morirá de dispersión, la inmortalidad humana es un sueño demente que las religiones colocaron sabiamente en el cielo.

El tema del hombre aumentado, que es el tema del transhumanismo, es una ilusión puramente tecnocrática debido a su carácter cuantitativo. Está en la línea de la filosofía político-económica dominante, que concentra todo el conocimiento en el cálculo y pone todo el progreso en el crecimiento.

La inmortalidad está concebida no como adquisición de una sabiduría casi divina, sino como la cantidad de una vida infinita (la verdadera sabiduría está en la fórmula de Rita Levi-Montalcini: «Dad vida a vuestros días, y no días a vuestra vida»). El verdadero progreso estaría en la mejora del hombre, no en el hombre aumentado. El humano tiene una necesidad mayor de mejora intelectual, moral, afectiva.

La tercera ilusión prospera hoy gracias a la creencia, reforzada por el big data, en la algoritmización de la vida humana y social. Ya la mente tecnoeconocrática está persuadida de que conoce lo humano, la sociedad, el mundo a través del cálculo, ignorando lo que el cálculo ignora: el sufrimiento, la felicidad, la desdicha, la alegría, todo lo que hace nuestra humanidad.La idea de la algoritmización generalizada supone que todo es controlable y predecible a través del cálculo.

Supone que el ser humano y la sociedad son máquinas deterministas triviales, de las que podemos conocer los inputs, dicho de otra forma, los programas. Si nos comportamos como máquinas triviales en el metro-trabajo-casa, también podemos comportarnos de forma inesperada, incluso en el metro y en el trabajo.

Todas las grandes trasformaciones llegaron gracias a creaciones inesperadas, desde los mensajes de Buda, Jesús, Mahoma, hasta Marx y Deng Xiaoping. Así como la Revolución Francesa, la Revolución de Octubre, la ascensión de Hitler al poder, no fueron programadas ni previsibles, tampoco lo fueron las conversiones de Péguy y Claudel al cristianismo, las de Aragon y Eluard al comunismo, la conversión del aristócrata inglés Philby al espionaje por cuenta de la Unión Soviética, o de la defección del soviético Kravtchenko. Ningún gran descubrimiento o teoría científica, comenzando por la del amateur Darwin, fueron previsibles, ninguna gran obra de arte podía ser prevista por el calculador más experimentado.

La revolución transhumanista no es un fantasma, pero está gangrenada desde un inicio por grandes espejismos.

El transhumanismo ignora que su desarrollo coincidirá con el desarrollo de fuerzas de caos y de catástrofes. O sufrirá una gran regresión debido a las catástrofes, o estará aislado en reservas protegidas y blindadas por una élite de poder y de riqueza, mientras que el mundo a su alrededor se derrumbará. Así, el transhumanismo se volverá inhumano.

Pero, de cualquier forma, no es demasiado tarde para cambiar de ruta y, al mismo tiempo, para humanizar el transhumanismo, es decir, no sólo para proteger las virtudes del corazón y del alma, sino para darle un gran suplemento de corazón, de alma, un pensamiento que sea complejo. ¿Cómo cambiar de ruta para minimizar las catástrofes y humanizar el transhumanismo sin una gran y profunda reforma intelectual y moral? ¿Cómo salvar a la humanidad mientras no sepamos regular la ciencia, la técnica, la economía?

Traducción de Ernesto Kavi

Illustración Álvaro Cicero

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