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Ignominia | noviembre 2016

Hitler masacró a tres millones de judíos… aquí hay tres millones de drogadictos. Son los que hay. Me encantaría masacrarlos.

Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, discutiendo la política antidrogas que ha ocasionado miles de asesinatos en unos cuantos meses de su gobierno. Previamente, en la misma intervención afirmó: «Si Alemania tuvo a Hitler, las Filipinas tendrán a…», antes de hacer una pausa y señalarse a sí mismo.

Para nosotros, la migración no es una solución sino un problema… no es una medicina sino un veneno. No lo necesitamos y no vamos a ingerirlo.

Viktor Orban, presidente de Hungría.

La esencia de una acusación de difamación, desde luego, es proteger la propia reputación. El Sr. Trump ha alardeado de sus contactos sexuales no consensuados con mujeres. Ha alardeado de irrumpir en los camerinos de las participantes de sus concursos de belleza. Consintió a la petición de un locutor de radio de discutir a la propia hija del Sr. Trump como un «pedazo de culo». Varias mujeres no mencionadas en nuestro artículo han denunciado públicamente los avances no solicitados por parte del Sr. Trump. No hay nada en nuestro artículo que haya afectado en lo más mínimo la reputación que el Sr. Trump, a través de sus propias palabras y acciones, ha creado para sí mismo.

David E. McCraw, abogado del New York Times, respondiendo al abogado de Donald Trump frente a la petición de que retiraran un artículo donde dos mujeres lo denunciaban por conductas sexuales impropias, amenazando al periódico con demandarlos si no aceptaban su solicitud.

Toda mi vida se ha tratado de una sola cosa: sacrificarme por mis inversionistas. Lo hice por su beneficio porque ese es mi trabajo. El riesgo político es el de ser ridiculizado, y el ridículo no disminuye las ganancias por unidad accionaria.

Martin Shkreli, quien ha sido llamado «el hombre más odiado del mundo», explicando su decisión de incrementar el precio de un medicamento contra el SIDA desde 13.5 hasta 750 dólares, defendiendo la decisión en aras de las ganancias de sus inversionistas.

Los gritos durante estas pausas tienen que terminar (…) Mi punto con pedirles que no griten es que cuando los miro a los ojos, en realidad sepan que estamos teniendo un momento y teniendo una conexión. Así que no es que yo quiera comportarme como un imbécil, es tan sólo que quiero que tengamos un momento.

Justin Bieber, en un concierto en Manchester en el que primero se fue del escenario tras la negativa de los asistentes a dejar de gritar entre canciones, para después regresar a explicar el motivo profundo detrás de su petición. Más tarde, volvió a suspender definitivamente el concierto cuando unas fans de la primera fila no le permitieron limpiar en paz un charco de agua que se había formado en el escenario.

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