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Instalará Bono carpa en el Zócalo de la CDMX para recibir ahí a prominentes líderes mexicanos

SEXTO PISO TIMES

Noticias que de tan falsas… podrían ser verdaderas

«Es una muestra más de que la mafia en el poder nos tiene miedo»: AMLO

Ahora que se han anunciado las dos fechas para la esperada presentación de U2 en México, como parte de su gira para conmemorar el treinta aniversario de uno de sus discos más emblemáticos, The Joshua Tree, el equipo de Sexto Piso Times ha recibido información acerca de uno de los principales propósitos de su líder, Bono, para aprovechar al máximo esta parada de la gira. Como es bien sabido por todos, Bono es un incansable luchador social que ha conjugado su carrera de rockstar con un permanente activismo político, principalmente enfocado en erradicar la pobreza a nivel mundial. Sin embargo, a diferencia de otras celebridades que al tiempo que se dan la gran vida son sumamente radicales y críticas con el sistema, el gran Bono no solamente no es un activista antisistema, sino que ha declarado que «Únicamente el capitalismo puede terminar con la pobreza», razón por la cual ha sido un incansable defensor del libre comercio como herramienta para combatir a la misma.

Lo anterior cobra relevancia porque las mismas fuentes confirmaron a Sexto Piso Times que la actuación de U2 en nuestro país estuvo en duda hasta que Bono no lograra decidir cuál sería la actividad política a desarrollar en México. Cuentan allegados que, debido a su férrea determinación a nunca ser segundo frente a nadie, el vocalista agonizó durante meses al respecto, pues no encontraba la forma de superar encuentros previos de celebridades con notables figuras de autoridad mexicanas, como fue el caso de la reunión celebrada entre Hugh Jackman y Felipe Calderón, la reciente firma para proteger a la vaquita marina que se produjo entre Leonardo DiCaprio y Enrique Peña Nieto y, en un suceso que según nuestras fuentes le produjo a Bono una envidia que le corroe las entrañas, el célebre ménage à trois entre Sean Penn, Kate del Castillo y el Chapo Guzmán.

Por lo tanto, antes de acceder a presentarse en nuestro país Bono exigió la garantía de que se le montará una carpa en pleno zócalo de la Ciudad de México, donde se organizará el muy mexicano ritual del besamanos, de modo que una selecta lista de invitados hagan fila para tener la oportunidad de charlar unos minutos con él acerca de cómo salvar al mundo de una vez por todas. Dada su extracción católica, el primer potentado con quien Bono exigió entrevistarse es el cardenal Norberto Rivera —aprovechando también la comodidad de que la Catedral se encuentra a tan sólo unos metros de su «Carpa contra la pobreza»—, para escuchar de su viva voz que son absolutamente falsas las calumnias que llegan a la prensa internacional acerca de cómo el clero mexicano ha encubierto durante décadas los abusos de curas pederastas. Posteriormente, su plan es reunirse con el empresario Carlos Slim, para convencerlo de que la tonada oficial de los celulares contratados con Telcel sea una versión melódica de «So Cruel», con el fin de insertar en los usuarios el mensaje subliminal de que la realidad circundante debe ser modificada. El siguiente visitante será uno de los miembros del Estado Mayor Presidencial que durante el mandato de Ernesto Zedillo golpearon salvajemente hasta enviar al hospital a uno de los miembros del equipo de seguridad de U2, a las afueras de su camerino en el Foro Sol, antes del concierto de la gira Pop Mart, y todo porque los retoños del entonces presidente querían a fuerza conocer al grupo antes de que salieran al escenario. Al reunirse veinte años después con uno de los agresores, Bono planea mandar un mensaje de perdón y reconciliación universales, para demostrar al mundo entero que es experto en el principio cristiano de ofrecer la otra mejilla, como hizo el Papa Juan Pablo II cuando recibió al hombre que tiempo antes le hubiera disparado.

Y, a manera de gran final, nuestro equipo de reporteros ha podido constatar que Bono planea humillar a Sean Penn, entrevistándose con alguien inmensamente más maligno y poderoso que el Chapo Guzmán: el mismísimo Carlos Salinas de Gortari, con quien Bono planea tener una charla de corazón a corazón, agarrándole la mano y dirigiéndole su mirada más penetrante a través de sus lentes de sol verdosos, para implorarle que se arrepienta de sus pecados, le confiese si mandó matar o no a Luis Donaldo

Colosio, y todo con el fin de que el ex presidente salga de la reunión siendo un hombre renovado, convertido al credo bondadoso del cual Bono es el máximo representante, y decida por fin utilizar su genio diabólico al servicio de una buena causa.

Asimismo, dada la sequía creativa experimentada por la banda aproximadamente durante los últimos veinte años, Bono planea grabar el contenido de todas las conversaciones para utilizarlas como inspiración para un nuevo disco, de título tentativo «How Me and my Rich Friends are Planning to Save the World», con el cual aspira a recuperar el lustre que condujo a su agrupación a ser considerada una de las más importantes en la historia del rock, hasta este pequeño bache musical del que confía que la visita a nuestro país por fin logrará extraerlos.

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