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Instrucciones a los patrones | Agosto 2016

Por Johnny Raudo

Entre tus muchas labores como patrón de vanguardia se cuenta poner especial atención para procurar el estado emocional y psíquico más conducente para aprovechar al máximo las capacidades de los empleados por el bien de la empresa. A pesar de las tonterías que se repiten a diestra y siniestra sobre la importancia de la felicidad y el bienestar, en privado los patrones más exitosos reconocen lo que todo el mundo sabe: un empleado feliz equivale a un empleado complaciente, y lo complaciente conduce a lo mediocre, y lo mediocre conduce a una empresa que no alcanza el nivel máximo de beneficios que debe procurar. Al mismo tiempo, en las más avanzadas universidades sobre estudios corporativos, como Harvard, Wharton o la Universidad del Valle de México, varios estudios han mostrado que la depresión crónica de los empleados es un lastre para las empresas, pues encima ya no es políticamente correcto despedir a la primera a los empleados deprimidos, con lo cual las empresas deben hacerse cargo de los costos bestiales producidos por el derrumbe emocional de sus empleados.

Por eso, deberás procurar crear un ambiente de trabajo conducente a producir en la psique de tus empleados un delicado equilibrio que los sitúe en una franja de abatimiento productivo, un estado donde si bien no se engañen acerca de sus posibilidades para progresar y se ubiquen perfectamente en su dura realidad, el peso de la falta de ilusiones no los aplaste a un grado que los vuelva completamente inservibles. Para ello, además de procurarles como política corporativa tantos antidepresivos y ansiolíticos como sean necesarios para evitar su caída, puedes fomentar el contagio de la miseria de los unos a los otros, adoptando una técnica que en el argot patronal empieza a ser conocida como Círculos de drama. Esta novedosa terapia de grupo consiste en agrupar empleados a partir de ciertas características elementales en común, de manera que las problemáticas enfrentadas resulten relativamente similares, para brindarles un espacio donde puedan compartir y comparar sus respectivas experiencias miserables, con el objeto de inculcarles firmemente la idea de que, sin importar lo mal que puedan estar, siempre existirá algún colega en una situación mucho peor.

Reproduciendo la estructura de Alcohólicos Anónimos, en los Círculos de drama deberás crear un sistema jerárquico, donde cada empleado tenga su Madrina dramática, que será la persona encargada de recordarle a cada ocasión que el infortunio es el combustible más efectivo para alcanzar un estado de cuestionamiento existencial perpetuo, acorde con la incertidumbre generalizada que es la marca de nuestro tiempo. Mediante tests estandarizados aplicados de manera recurrente, deberás encomendar a las Madrinas que mantengan estables los niveles de abatimiento corporativo, autorizándolas a recurrir a los más viscerales rumores e infundios para sembrar la discordia, si acaso la empresa llegara a pasar por periodos de calma relativa, que hicieran necesario recurrir a técnicas extremas para potenciar la inestabilidad emocional masiva. Asimismo, deberás crear un sistema de estímulos y recompensas, de manera que en la medida en que las Madrinas ayuden a producir ciclos maniaco-depresivos donde los empleados se extenúen trabajando como posesos, para acto seguido incurrir en crisis de autoestima tales que necesiten adormecer sus aspiraciones con drogas farmacéuticas, reciban una remuneración adecuada, pues no es tarea fácil crear ese estado colectivo que, los patrones más exitosos lo saben, es el único posible para conseguir con creces los objetivos de toda empresa respetable.

Foto “meeting” de Hayato.D @Flickr

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