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Instrucciones a los patrones | Diciembre 2016

Ahora que un patrón ha obtenido acceso al cargo de hombre más poderoso del planeta, es tiempo de que conjuntamente como estirpe los patrones se despojen de las máscaras de la compasión y la corrección política, y puedan —por fin— actuar y nombrar a las cosas por sus nombres respectivos. Hasta este momento, ciertas trabas más propias de un internado de señoritas han impedido que los patrones pongan en práctica las medidas verdaderamente necesarias para que no haya más ley que la de los beneficios, pero en este momento de triunfo se han abierto insospechadas posibilidades que en definitiva conducirán a las empresas hacia su anhelada época gloriosa, que hará que los patrones del pasado parezcan unos meros acólitos del colectivismo, frente a lo descarnado de la ofensiva que está por venir.

Es conveniente copiar hasta en el más mínimo detalle las ideas y prácticas que condujeron a encumbrar al Patrón Supremo, para que idealmente se incremente el número de patrones que accedan a puestos gubernamentales por la vía de las urnas, pues de ese modo no sólo formalmente gobernará la casta patronal sino que, quizá más crucialmente, los ciudadanos continuarán siendo inoculados con los principios corporativos que habrán de proveer las necesarias estructuras psicológicas y sociales para configurar las sociedades del futuro a la manera de una gigantesca corporación.

Es entonces de capital importancia comprender como el Patrón Supremo que en estos tiempos la imagen lo es todo, y seguir sus pasos hacia procurar convertir la vida en la empresa —y la vida en general— en un continuo reality show. Para ello, deberás incluir en los contratos con tus empleados una cláusula que los obligue a instalar en sus smartphones una app que los convierta en cámaras, bajo pena de despido fulminante si la apagaran incluso para ir al baño o entregarse con sus cónyuges a los placeres carnales. Asimismo, deberás instalar un ritual periódico conocido como «La hora del despido», de preferencia en fin de semana para no afectar la productividad en días laborales. Mediante una votación anónima en un sitio web de la empresa específicamente creado para estos propósitos, los empleados deberán votar cada mes para determinar a quién de sus compañeros les gustaría ver despedido, y el resultado se conocerá en vivo, con todos conectados a la red, para poder registrar cada detalle de la reacción de desconsuelo del afortunado ganador. Al principio, mientras la costumbre consigue enraizarse, puedes hacer un poco de trampa y manipular el sistema, de modo que el despedido sea un padre de familia en una situación precaria, con lo cual el dramatismo de ser echado a la calle conseguirá incrementar los ratings del periódico ritual catártico.

Éstas son simplemente unas cuantas posibilidades que se abrirán en la era que se avecina, que promete con pitorrearse de la risa en la cara de las más sombrías novelas futuristas, que ni en sus más oscuras pesadillas imaginaron que el miembro más simbólico de la casta patronal llegara a ser elegido para dirigir a la empresa multinacional más poderosa del planeta entero.

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