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Instrucciones a los patrones | Enero 2017

Todo patrón alerta a lo que sucede en su entorno habrá escuchado hasta el cansancio aquello de que la palabra crisis también significa oportunidad, pues en tiempos difíciles siempre se utiliza esto como concepto motivacional para sortear las dificultades y salir adelante. Sin embargo, tan sólo unos pocos patrones particularmente astutos han reparado en la verdadera implicación que muestra este significado alternativo del término, pues es precisamente el aspecto catastrófico de las crisis el que puede convertirse en una inmejorable oportunidad para ganar terreno en la incansable batalla contra los empleados. En momentos particularmente turbulentos como el actual, como patrón deberás pasar a la ofensiva para despojar a las oportunidades de cualquier tipo de connotación positiva, y dejar muy en claro que, en adelante, las únicas oportunidades de que las cosas sean distintas necesariamente pasan por el tobogán que conduce a la precariedad y desemboca en el despido.

Para reforzar este mensaje, puedes encomendarle a los empleados más leales a ti que se disfracen de juglares y recorran el espacio laboral recitando como merolicos las noticias más calamitosas del día, de tal manera que su voz se convierta en un rumor de fondo bajo el cual los empleados se acostumbren a trabajar como mejor puedan. Incluso, en los casos en los que la noticia en cuestión lo permita, se pueden montar pequeñas representaciones teatrales donde se enfaticen los aspectos más violentos, y cuando adviertas que algunos empleados se encuentran al borde de un ataque de nervios ante lo descarnado del asunto, deberás intervenir para poner un alto al espectáculo, con lo cual reforzarás tu imagen de patrón poderoso y benevolente, que es capaz de poner fin a diversos tormentos con un solo tronido de su voz.

Asimismo, puedes utilizar en tu beneficio algunas de las ideas más extremas que han pasado a formar parte del actual discurso dominante, de manera que a tus empleados les quede claro que no son simplemente realidades lejanas basadas en abstracciones que no les competen, sino que se han convertido en valores dominantes que estructurarán sus realidades en los años venideros. Para ello, puedes comenzar a expedir credenciales diferenciadas por rangos y colores, asignando una salida y entrada correspondientes a cada nivel, así como el comedor, sanitarios y espacios comunes a los que autoriza cada una de ellas. Incluso, puedes estar alerta para cazar alguna falta imperdonable cometida por un empleado que pertenezca a alguna minoría étnica o de cualquier otra especie, y a cambio de perdonarle el despido deberás persuadirlo de que acepte pagar su falta mediante un encierro en una jaula construida especialmente para ese propósito, durante el cual los demás empleados gozarán el derecho de insultarlo, burlarse de él, o arrojarle vasos con agua o salsas diversas directo al rostro.

Mediante la puesta en práctica de estas medidas, por un lado insertarás directamente a tu empresa en el espíritu de los tiempos, a la vez que pronto comenzarás a ver los efectos concretos en la conducta de los empleados, cuya autoestima quedará tan vapuleada que no tendrán fuerzas ni para alzar la cabeza cuando se presente alguna situación ante la que en otros tiempos, por suerte ya muy lejanos, se les hubiera podido ocurrir protestar

Foto de Neil Turner “Crisis” en @Flickr

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