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Instrucciones a los patrones | Junio 2016

Todo patrón de vanguardia sabe que las empresas se han ido consolidando como las nuevas unidades básicas en el plano económico, político, e incluso espiritual, reemplazando paulatinamente a entidades como los Estados, que cada vez ceden mayores competencias frente a la galopante expansión corporativa hacia los distintos ámbitos vitales. De hecho, no se encuentra ya tan lejano el día en que pueda haber plenamente una ciudad corporativa, que dé vivienda, educación y demás servicios a los empleados y a sus familias, creando por fin una entidad autosuficiente donde transcurra la mayor parte de la vida de las personas que trabajan para la empresa que como patrón has creado con tanta sagacidad y buen tino.

Por otro lado, una máxima muy importante consiste en transmitirle a los empleados una sensación constante de precariedad e incertidumbre, de manera que aprendan a valorar lo que tienen, y puedan vivir en un estado de ansiedad perpetua ante la mera idea de perder sus trabajos. Como buen patrón precavido, puedes combinar estas dos realidades de nuestros tiempos, y por un lado preparar a los empleados para ese futuro —que ojalá no se encuentre tan distante— en el que el director de toda empresa será como un jefe máximo al interior del territorio que comprenda su ciudad corporativa, al mismo tiempo que les muestras las grandes ventajas y beneficios de que así sea. Para ello, nada mejor que permitirles apreciar en carne propia las miserias políticas contemporáneas, y las campañas electorales te ofrecen una oportunidad inmejorable. Entonces, asegúrate de colocar suficientes monitores, con un volumen tan estridente como para enloquecer al empleado más tranquilo, que transmitan permanentemente los principales canales de noticias en donde se dé la cobertura electoral. Con la ayuda de alguno de tus allegados más fieles, puedes incluso preparar cada día videos editados con los insultos más vulgares y las amenazas más estridentes sobre el futuro que se avecina, de manera que tus empleados queden tan alterados al escuchar de forma incesante la violencia política de las campañas, que servirse un expreso doble sea incluso una forma de recuperar los niveles de temblor corporal a los que se encuentren habituados.

Ya que los hayas sometido a una terapia de atestiguar las andanzas de los candidatos a la más vieja usanza de La naranja mecánica, entonces deberás aprovechar la oportunidad para intercalar algún video corporativo, encargado de preferencia a un director cinematográfico de renombre que quiera ganar millones realizando publicidad encubierta, donde aparezcas como un líder sabio, benevolente, que incluso se da el tiempo para saludar de mano a sus empleados, o para pedirle a su secretaria que cada 10 de mayo les mande una tarjeta electrónica de felicitación a todas las mujeres de la empresa que cuenten con la dicha de ser madres. Con esta estrategia, poco a poco implantarás en las mentes de tus empleados que la mejor democracia es aquella en la que sólo decide una persona, y que tú como patrón iluminado serás sin duda ninguna la persona adecuada para asumir ese papel cuando las condiciones históricas estén lo suficientemente maduras como para que se produzca el ansiado relevo, y las empresas sean reconocidas formalmente como las únicas unidades sociopolíticas que se rigen por criterios de eficiencia y rentabilidad, dispuestas a colocar a cada uno de sus empleados en el nivel de ciudadanía a los que sus aptitudes les permitan aspirar.

Foto «Tribeca Flashpoint Cinema Lab 540a for Civic Innovation Summer» de Daniel X. O’Neal @Flickr

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