Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

Instrucciones a los patrones | Junio 2017

Al igual que el vecino de arriba, a su servidor Johnny Raudo también le ha llegado la hora de despedirse de este espacio. Un patrón nunca come patrón, así que no ahondaremos en las razones de crisis económica profunda de esta publicación, que la orillan a prescindir de dos de sus plumas más valiosas, y simplemente confiaremos en que quienes la dirigen conseguirán enderezar el rumbo para poder continuar sosteniendo un negocio tan rentable y lucrativo como lo es —y siempre lo ha sido— una publicación literaria, distribuida de manera gratuita por ahí. Aun así, todo buen patrón sabe que las cosas suceden por algo, y que siempre, pase lo que pase, hay que encontrar la manera de canalizar los acontecimientos aleatorios para el propio beneficio, así que me despido de mis lectores del gremio patronal con lo siguiente.

A lo largo de estos más de dos años, les he proporcionado consejos y técnicas para salir airosos de esa guerra perpetua en contra de los empleados, criaturas necias si alguna vez las hubo, empeñadas en imponerle tanto al mundo como a la empresa su mediocridad y falta de ambiciones congénitas. Confío plenamente en que los patrones que hayan puesto en práctica de manera rigurosa las máximas aquí vertidas, han cosechado los frutos de manera ingente, pues así me lo han expresado no pocos de ustedes en las comunicaciones privadas que hemos entablado durante este tiempo. Sin embargo, existió siempre un problema de raíz que los patrones más sagaces habrán identificado: al no tratarse de una publicación exclusiva para patrones, donde el perfil de la misma, los anunciantes, e incluso el precio de venta funcionen para que no caiga en manos de gente que no tiene nada que ver con el estilo de vida que ahí se promueve, el peligro evidente consistía en que pudiera ser leída ampliamente por empleados, con lo cual estaríamos literalmente entregándole los planes de batalla al enemigo, otorgándole la manera de conocerlos y prepararse para hacerles frente. Sobra decir que, como patrones, es un lujo que no podemos darnos más, al menos no en este espacio con tintes tan —cómo decirlo sin sonar ingratos— democráticos, por no decir populistas. Si algo sabemos los patrones es que toda organización que funcione, por ejemplo los más disciplinados ejércitos, dependen estrictamente de una cadena de mando vertical, por lo cual es un contrasentido inherente a la misión de la sabiduría patronal contenida en este espacio, al mismo tiempo hacerlo accesible a aquellos a quienes se encuentra llamado a meter en cintura en primer lugar.

Aun así, mis estimados colegas, bien sabremos que la vida nos reunirá nuevamente, ya sea en los espacios de ocio o esparcimiento reservados para los de nuestra estirpe, en alguno de los cónclaves patronales en los que por fortuna terminamos a menudo departiendo en lugares exclusivos para caballeros, o, quién sabe, quizá algunos de nosotros emprenderemos alguna aventura corporativa juntos. Entre tanto, además de agradecernos por conformar esta estirpe de avanzada, quisiera dejarlos con una máxima que condensa hasta donde es posible la filosofía vertida en este espacio desde sus comienzos: el mejor empleado es el aplastado, así que no escatimes ningún medio para conducirlos perpetuamente hasta un nivel de subsistencia en el que puedan aún trabajar adecuadamente, pero poco más. ¡Hasta siempre, compañeros victoriosos!

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