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Instrucciones a los patrones | Noviembre 2016

Una de las grandes conquistas de los patrones en las últimas décadas, orquestada magistralmente desde la academia, los medios de comunicación, los organismos financieros internacionales, y por supuesto los gobiernos, ha consistido en voltear a la opinión pública en contra de cualquier intento de los empleados por organizarse para defender lo que erróneamente consideraban como sus derechos. Por fortuna, los patrones cada vez deben lidiar menos con organizaciones y más con empleados individuales, pues al fin se ha comprendido que entre una relación tan íntima como la que se lleva a cabo entre la empresa y el trabajador, no debe mediar un voyeur como un sindicato, que elimina de entrada todo el goce propio de una relación sadomasoquista.

Sin embargo, el buen patrón no es nunca complaciente y se encuentra a la caza perpetua de nuevos métodos para aceitar la maquinita de los beneficios. Una posibilidad que es incluso favorecida por las nuevas tecnologías es terminar con la odiosa costumbre de llamar a los empleados por su nombre, de manera que poco a poco vayan acostumbrándose más bien a ser llamados por el número asignado en su expediente de la compañía. Es importante que en todo correo electrónico o comunicación de la empresa ya sólo se les mencione por su número, para ir creando un nuevo sentimiento de identidad con ese apelativo. Con este sutil pero decisivo giro, darás un nuevo paso en la dirección de aplastarles tanto como sea posible cualquier manifestación de individualidad –siempre tan propensa a
los cuestionamientos y rebeldías–, pues la idea esencial consiste en que a los empleados les quede bien claro que son como piezas anónimas, reemplazables, y el hecho de que se vean tanto a sí mismos como a sus compañeros con cara de números tan sólo reforzará esta creencia. Siguiendo las pautas marcadas por la publicidad subliminal, es recomendable que en el número asignado a cada empleado procures insertar tantos ceros como sea posible, para que esos ovalitos que para un patrón son como caídos del cielo penetren lo más posible en sus conciencias, hasta que les ayuden a formarse una buena idea de su justo valor.

Para ofrecerles un alivio y que no protesten contra la medida de sustituir sus nombres por números, puedes a cambio ofrecerles distintas opciones de esparcimiento, como una sala con una pantalla y un micrófono para que en sus descansos practiquen karaoke, un cuarto de videojuegos o la alberca de pelotas que tan famosa han hecho las grandes corporaciones de nuestra época. Esto último te proporcionará además como patrón el enorme placer de observar a esos números anónimos que dependen de ti para su sustento, retozando un rato de la forma más mecánica que puedas imaginar, buscando entre las pelotas de plástico un respiro para que, cuando termine su descanso, vuelvan en fila a ocupar el lugar que según el número asignado les corresponda ocupar.

Foto de Laura Suarez en @Flickr

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