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Instrucciones a los patrones | Abril 2016

Todo patrón de vanguardia sabe que los empleados son igual de importantes que el mobiliario, por lo que es necesario darles mantenimiento y reparación, tenerlos perpetuamente aceitados para que desempeñen su papel de engranes obedientes en esa maquinaria de producir beneficios que debe ser toda empresa. El problema es que, claro, reparar a fondo a los empleados puede ser muy costoso, pues a menudo están en tal estado de descomposición física y espiritual que se requerirían años y años de tratamientos con los mejores especialistas del mundo, para tan sólo devolverlos a un umbral de mínima humanidad. Como patrón responsable, sabes que de ninguna manera te lo puedes permitir. Pero no sólo eso, si se te llegara a pasar la mano e incurrieras en el grave error de que los empleados incluso sintieran algo de bienestar, ello de inmediato los haría propensos a sublevaciones laborales. En suma, tu tarea como patrón será la de mantenerlos en un estado de abatimiento funcional, para que ni se derrumben al grado de que ya no puedan trabajar, ni estén lo suficientemente despiertos como para cuestionar el orden de las cosas.

 

Por eso, puedes poner en práctica la innovadora técnica conocida como la Teoría del Placebo Empresarial (TBE), que las principales empresas tecnológicas están llevando a cabo con gran éxito, e incluso sus directores de recursos humanos escriben libros detallando los métodos sutiles de control, donde transmitir una impresión de falsa alegría se revela como un muy efectivo método para que los empleados se desempeñen como las tuercas y tornillos que en realidad son. Entre las distintas opciones que te ofrece esta práctica patronal de avanzada, puedes contratar coaches que pongan en práctica al interior de la empresa técnicas como la Risoterapia, la Lloroterapia o la Urinoterapia, por mencionar sólo unas cuantas.

 

La primera es la menos recomendable de todas, por las razones que ya fueron enumeradas con anterioridad. En cambio, la Lloroterapia ha probado su efectividad como herramienta que por un lado permite que los empleados piensen que la empresa se preocupa por sus sentimientos más profundos, y además les induce un estado de depresión permanente que si sabes mantener a flote suministrándoles antidepresivos y demás pastillas que han enriquecido obscenamente a las compañías farmacéuticas, producirá una combinación óptima de trabajo automatizado y falta de iniciativa y/o cuestionamientos. Por último, la Urinoterapia ha sido probada por las empresas más arriesgadas, que no por casualidad son las que también han cotizado mejor en la bolsa en estos últimos años de gran incertidumbre financiera a nivel mundial. En aquellas que la han implementado, se les solicita a los empleados que por razones de moralidad e higiene lleguen todos los días con sus frascos llenos, perfectamente sellados, y después la empresa puede organizar concursos y sorteos para intercambiarlos, añadiendo un elemento de emoción e incertidumbre sobre la procedencia de la dosis que a cada cual le corresponde ingerir. De esa manera, para poner un ejemplo, los empleados menos agraciados podrán fantasear con la posibilidad de verse beneficiados con los frascos de las empleadas más atractivas. Eso sí, tú como patrón asegúrate de ingeniártelas para que siempre te toque un frasco debidamente camuflado, que contenga la dosis justa de jugo de manzana con té de manzanilla, pues una cosa es procurar mantener motivados a tus empleados, y otra cosa es perder tu dignidad como patrón de manera irreversible.

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