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La crisis de la democracia | Eduardo Rabasa

Es prácticamente un axioma indudable de los tiempos que vivimos una profunda crisis de la democracia de libre mercado, el régimen político dominante en la mayor parte del mundo occidental. Conforme el régimen neoliberal se ha consolidado tanto a nivel formal como a nivel ideológico, hemos visto una concentración de la riqueza sin precedentes: los 8 hombres más ricos del mundo (que todos sean hombres también es muy significativo) poseen una riqueza equivalente a la mitad de la población mundial, es decir, 3600 millones de personas. En México, esta misma proporción se sostiene para los cuatro individuos más ricos, cuyo patrimonio equivale igualmente al del 50% más pobre de la población. Asimismo, el triunfo de la ideología individualista, que considera que la competencia despiadada es el mejor motor para mover a las sociedades, y que el ser humano es una especie de autómata programado para maximizar su propio beneficio, ha producido un discurso de abierto desprecio a la clase trabajadora («pinche asalariado» es hoy un insulto que se encuentra con bastante frecuencia) y sus tradicionales mecanismos de resistencia, como los sindicatos, conforme nos movemos hacia un modelo que desmantela sistemáticamente la red de protección social que debería garantizar que todo ciudadano pudiera contar al menos con lo indispensable para poder vivir con dignidad.

Ante este panorama, ¿qué entendemos realmente por democracia? Si bien el acceso al poder continúa siendo regulado mediante el ritual periódico de las elecciones, parecería que los acuerdos fundamentales, aquellos que producen las sociedades tan violentas, convulsas y desiguales bajo las que vivimos, están decididos en lo esencial. Incluso, de manera un tanto cruel y paradójica, es posible pensar que quizá sean la precariedad y la desigualdad las principales razones por las que contemplamos el ascenso de personajes de extrema derecha como Donald Trump, Mauricio Macri y sus contrapartes en numerosos países europeos, pues capitalizan con gran éxito el miedo y el desamparo a través de discursos cargados de odio, y del viejo pero muy efectivo mecanismo del chivo expiatorio.

Con este dossier sobre la crisis de la democracia nos proponemos poner a circular textos que invitan a la reflexión, más allá del fervor electoral y el casi constante obnubilamiento del juicio que produce en los partidarios más ardientes de cualquiera de los bandos. Finalmente, como deja claro el texto de Morris Berman sobre la complicidad del

pueblo americano con las aventuras imperiales de su gobierno, por justificado que sea el repudio que podamos sentir hacia la clase gobernante, a menudo como ciudadanos reproducimos o toleramos aquellos rasgos que encontramos tan execrables cuando los advertimos en quienes nos gobiernan. Precisamente por eso, quizá hoy más que nunca, adquieren una especial importancia tanto el pensamiento crítico como la imaginación, para procurar pensar paradigmas y modos de vida distintos, que potencialmente nos auxiliarán a salir del infierno en el que nos encontramos actualmente inmersos.

Ilustración de Peter Kuper

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