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La punk que cree en el amor

Dice Viv Albertine en la introducción de Ropa música chicos (Anagrama, 2017): «Si hay otros que también hayan estado y quieran contar su versión, allá ellos. Ésta es la mía». Estaremos de acuerdo en que existen de versiones a versiones. Y difícilmente alguien puede competir con la de Viv en cuanto a testigo privilegiada de la génesis del punk en Inglaterra.

Aquí sus credenciales: novia de Mick Jones, guitarrista de The Clash; la primera persona a la que se la mamó en la vida: Johnny Rotten, vocalista de Sex Pistols; tenía una relación de masoquismo social con Syd Vicious, bajista de los Pistols; y ser inducida en la heroína picada por el mismo Johnny Thunders, con quien tuvo una relación y quien le dijo que no la podía amar porque tenía el corazón lleno de heroína. En este entorno, tan violento como irrenunciable, Viv se transformó de espectadora de la Historia en uno de sus protagonistas más emblemáticos. Y es que no todos los días se tiene la suerte de ver a Syd Viciuos aprender a tocar el bajo en una sola noche con un disco de los Ramones
como única guía.

El punk, como ningún otro género musical, ha sido inclemente con sus ejemplares. El índice de fatales desenlaces es superior a cualquier otro género (el grunge se le aproxima a toda velocidad). El punk no fue una fábrica de aburguesadas estrellas de rock. Sólo algunos consiguieron eludir el sino de muerte y destrucción. Ropa música chicos nos recuerda que el John Lydon que ahora lidera Public Image Ltd fue un vago que dormía en cualquier parte. Las memorias de Viv son un recordatorio de lo duro que fue el movimiento.

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Ropa música chicos (Anagrama, 2017)

Para Viv, salir a la calle vestida como dictaba la moda punk era arriesgar el pellejo. Las violaciones eran de lo más común. Pero defendía su identidad y se jugaba la integridad a diario. Atravesar el barrio para llegar hasta Sex, la tienda de Malcolm McLaren, era darle a oler la sangre a los skinheads. Pero como para todo punk, el look era definitorio para Viv. Todos los abusos que sufría eran parte del medio ambiente. Y su papel, aunque no hace falta que ella lo aclare, no era ni el de la víctima ni el de la grupi. Era el de la protagonista.

En 1972, cuenta Viv: «Yo todavía sigo los pasos de los Kinks, que estudiaron en Hornsey, y los de mis héroes John Lennon y David Bowie, que también asistieron a una escuela de arte. Es justo lo que haces cuando estás en el mundo de la música: estudiar en una escuela de arte. No pretendes hacer dinero ni carrera en el mundo del arte, es un rito de iniciación». Y como otro héroe inglés de la guitarra, Pete Townshend, Viv saltó de la academia artística a las Slits.

La herencia de una tía le permitió comprar una Les Paul Jr. y formar junto a Syd Vicious la banda Flowers of Romance, de la que sería echada por el mismo Syd. De quien nunca se separó pese al desencuentro. Viv fue testigo, también, del momento en que Syd fue contratado por los Pistols. Como si se tratara de un vinyl, Ropa música chicos se divide en Lado A y Lado B. El Lado A no sólo está aquí para contar la historia de Syd o Mick, sino para contar el ascenso y caída de las Slits. La banda que conformaría Viv y que crearían un clásico del género, el disco Cut.

Con el surgimiento de las Slits también viene la etapa más dura en la vida de Viv. Aborta un hijo de Mick Jones, después de la grabación de Cut la disquera, Island Records, las echa de la nómina y Tessa, su bajista, intenta
suicidarse con una sobredosis de pastillas. Tras la salida de su segundo disco, las Slits se disuelven y Viv sale de la música por la puerta de atrás. A enfrentar el Lado B: la vida ordinaria. Nada más doloroso que haber acariciado el
éxito y volver a la nada.

Los capítulos de Ropa música chicos no exceden las cuatro páginas de extensión y son narrados de manera cronológica, por año, y están escritos con una prosa sencilla pero no carente de emoción. Y una valentía
sin tapujos. Viv cuenta cada vejación que ha sufrido, sus inseguridades y su metidas de pata. Pese a toda la moda que impera en estas páginas, no hay una sola gota de glamur. Ni siquiera en los momentos trascendentales. Cuando los Pistols tocaron en el barco frente a la jeta de la reina, a Viv no la dejaron subir a bordo, y no faltaron tampoco los líos con la policía.

Viv tuvo que arrancar desde cero y se alejó de la música. Se relacionó, y tuvo una hija. Sin embargo, décadas después planeó su regreso a la escena para darse cuenta de una verdad innegable: los problemas nunca terminan. Su pareja la amenaza con botarla si no renuncia a sus intenciones. Y ella sigue adelante con sus planes. «Confessions of a MILF», es la canción que resume su nueva filosofía, el momento por el que atraviesa, con una separación y un disco bajo el brazo.

Ropa música chicos es la historia de un amor. No el de Viv con los hombres de su vida. El amor hacia la música, pues: «Una buena canción es una buena canción, sin importar el género que sea».

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

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