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Las verdaderas razones detrás del desempeño olímpico mexicano

SEXTO PISO TIMES

Noticias que de tan falsas… podrían ser verdaderas

Investigación de Sexto Piso Times explica de fondo el éxito disfrazado de fracaso que se obtuvo en Río 2016.

En exclusiva para nuestros lectores, Sexto Piso Times les ofrece antes que nadie los resultados de una investigación que explica las verdaderas razones para el fracaso estrepitoso de la delegación mexicana en los Juegos Olímpicos de Río. Los aficionados al deporte mexicano habrán podido advertir con cierta perplejidad que el titular de la Conade, Alfredo Castillo, a menudo se mostró un tanto errático ante los cuestionamientos por los resultados, pronunciando
frases como: «Hoy vemos como un fracaso un quinto o un sexto lugar, pero no cualquiera lo puede lograr», o «También hay doscientos países que se han preparado», que probablemente alcanzaron su cúspide cuando expresó que, a su parecer, las medallas olímpicas no son un indicador del éxito. Es por ello que nuestra redacción se dio a la tarea de descifrar lo sucedido tras bambalinas, y este reportaje es el resultado de dichos esfuerzos.

Todo comenzó cuando el gobierno de la república tomó la decisión de nombrar a Castillo como director de la Conade,
buscando aprovechar su experiencia como Comisionado para la Seguridad y Desarrollo Integral de Michoacán, en particular su conocimiento de las autodefensas, con la esperanza de que lograra inculcar a los deportistas nacionales algo de la determinación y de la garra de éstas. Pese a no contar con experiencia previa como dirigente deportivo, Castillo aceptó con entereza el nombramiento y procedió a prepararse con diligencia para los retos que se le avecinaban.

Entre otras cosas, procuró ver la mayor cantidad posible de películas con temática deportiva, hasta el fatídico día en que uno de sus asistentes no logró procurarle un DVD de la legendaria película Rudy, en la que un muchacho con inherentes limitaciones atléticas logra realizar su sueño de jugar en un partido con el equipo de futbol americano de la Universidad de Notre Dame, y decidió sustituirla con una copia de Jerry Maguire, obra maestra de la cinematografía en la que Tom Cruise encarna a un agente deportivo que sufre una crisis de conciencia cuando uno de sus representados sufre una lesión que lo deja al borde de la parálisis. Testigos presenciales aseveran que Castillo rompió en llanto prácticamente desde el comienzo de la película, y que quedó tan conmocionado que resolvió alinear su estrategia olímpica a partir de las enseñanzas de la misma.

Tras solicitarle a sus colaboradores que en adelante se dirigieran a él como «Jerry Maguire región 4», una de sus primeras decisiones fue la de ponerse firme con los presidentes de las distintas federaciones deportivas que, a la usanza del personaje representado en la película por Cuba Gooding Jr. le exigían: «Show me the money!», lo cual desató una ola de conflictos iniciales que dejó a los deportistas sumamente confundidos pues, confesó uno de ellos: «nos sentíamos como si estuviéramos entre la espada y la pared».

Posteriormente, Castillo los obligó a ver la cinta un número considerable de veces, hasta que comprendieran que en el deporte lo importante no es ganar, sino competir, y así pudieran acudir a la justa olímpica a poner en alto el nombre de México de una forma alternativa: mostrándole al mundo que nuestra sabiduría y grado de desapego son tales que, en efecto, las medallas no representan el tipo de éxito que buscamos sino que más bien, como rezaba la canción
oficial del Mundial de México 86’: «Por lo pronto, ya tenemos/El trofeo de amistaaaaaad».

Así que, queridos lectores, ya lo saben, lo de Río no fue un fracaso deportivo sino un éxito espiritual: recibamos con los honores correspondientes a nuestros héroes patrios y, principalmente, al capitán del barco, quien pese a todas las apariencias y señalamientos en su contra, en realidad nos ha proporcionado una duradera lección sobre los valores fundamentales de la existencia.

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