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Lejos del glamur, cerca del noise

En una entrevista Thurston Moore comentó: «Nunca tuve la gran experiencia de rock & roll como Led Zeppelin, Foo Fighters o algo como Red Hot Chili Peppers. No sé cómo es ese mundo de jets privados y en realidad no me interesa, es la última de mis preocupaciones o ambiciones, prefiero estar aquí, en una librería, tomando una margarita congelada y charlando». Es lo primero que me viene a la mente cuando me enteré que El mató a un policía motorizado estaba de tour en México para presentar su nuevo disco, La síntesis O’Konor.

En algún momento todas las bandas de rock se tratan de un grupo de personas que se juran amistad eterna. Como todas las relaciones, se desgastan, pero en un inicio la fraternidad es determinante para hacer música. Las palabras de Moore describen a la perfección a El mató a un policía motorizado. Además de la calidad musical existen dos rasgos que conectan a los argentinos con su público: la honestidad y ese profundo sentimiento terrenal a lo Sonic Youth. Lo que provoca que sus fans se los apropien de una forma que no pueden hacer suyas otras bandas de rock mexicano. Esa cara b, ese otro lado, la experiencia del rock & roll que hizo que la primera vez que Sonic Youth tocara en nuestro país en el Circo Volador, un gran foro, pero under al fin y al cabo, es lo que impulsó a El mató a un policía motorizado a meterse en una camioneta como parte del Circuito Indio y recorrer nuestro país para tocar en salas, no precisamente en las mejores condiciones. Que vivan la experiencia del hoyo fonqui, algo que parecía reservado exclusivamente para las bandas nacionales, crea unos sólidos lazos con su público.

Cuando parecía que El mató un policía motorizado ya lo había dado todo en La Dinastía Scorpio, viene a volarnos la cabeza con La síntesis O’Konor. De factura más sentimental, compite por ser el mejor álbum de la banda. La sencillez, que es la marca de la casa, es llevada aquí hasta las últimas consecuencias, sin dejar de lado su obsesión por la muerte. Salir de gira con un disco como éste no es fácil, sin importan el repertorio que El mató trae bajo el brazo. Pero aunque no hubiera transcurrido siquiera un mes de que La síntesis O’Konor saliera al mercado, los seguidores de la banda ya se sabían las canciones a la perfección. Esto habla de la enorme tensión narrativa que ha creado la banda. No dentro del indie, para una generación que estaba necesitada de un sonido que los representara. Cómo no identificarnos con las palabras de Santiago: «Ahora soy mejor, te juro soy mejor», es esa promesa que mantendremos hasta el fin.

El Foro Independencia es un local al más puro estilo de la vieja guardia. Un bodegón sin aire acondicionado, que en verano se convierte en un sauna. El mató a un policía motorizado apareció en el escenario acompañado de una aura de rejuvenecimiento. No hay duda de que las nuevas canciones, además de refrescar su songbook, los han revitalizado. Y lo primero que piensas cuando los ves en acción es cómo jodidos es posible que cada vez toquen mejor. Y ese sonido que parecía definido cada vez se consolida más. La mesura permea el discurso de El mató. Son noiseros pero con letras compactas. Llenan el escenario pero no hay protagonismo. El personaje principal es el sonido, que se despliega como una mancha de pintura.

El setlist fue equilibrado. No interpretaron todo La síntesis O’Konor ni tampoco puros «hits». Desde el momento cero se creó una comunión entre los fans y las nuevas canciones. Uno de los momentos más intensos de la noche fue «La noche eterna» y su existencialismo positivista. Y se apreció una alegría inédita en repasar los clásicos. Escuchar en vivo «El fuego que hemos construido» es y siempre será una delicia. El fenómeno que ocurre con las canciones de El mató es que han comenzado a madurar. De ser el relato perdido de una juventud sin rumbo han comenzado a convertirse en los himnos de una era que contra todo pronostico ha capitalizado su potencial emotivo. «Amigo piedra» es un ejemplo de ello. No faltará mucho para que algún anuncio de coches sueñe con incorporarla, así como ha vampirizado muchas grandes melodías del rock & roll.

Las bandas tienen malas noches, El mató no. Salió a darlo todo como siempre que los he visto. Dio un show largo. Y tuvo un final apoteósico con «Mi próximo movimiento». Un resumen del estado de ánimo que nos define como generación. La síntesis O’Konor ha conseguido abrirnos el apetito. Y desde ya comenzar a relamernos las manos a la espera del siguiente trabajo de la banda. El nombre del nuevo disco conecta con el anterior, lo que parece ser una trilogía más dentro de la colección de sagas de la banda. Esa independencia creativa que está llenando de sonidos nuestros días.

El mató están próximos a cumplir quince años juntos. Parece sencillo pero cuesta un chingo. El tesoro siempre amenaza con estarse hundiendo. Mantenerlo a flote es un trabajo que no envidio. En nombre de la conciencia del rock & roll, ojalá duren treinta años más.

Carlos Velazquez posa para una foto  en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

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