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Los escarabajos volaban | Valérie Mréjen

Nuestro último intercambio: un SMS para asegurarse de que yo no había tomado mal ese comentario dubitativo hecho a propósito de una programación de películas, entre las cuales estaban las mías, proyectadas durante una tarde. Tú sabes lo que pienso, ¿no es verdad? Paul también era así, y me quedaré con eso: un hombre de una infinita delicadeza que tenía miedo de haber cometido una torpeza. En cuanto a mí, nunca me sentí aludida, ni un solo segundo, pero su inquietud de golpe despertó la mía, Oh là là, él pensó que yo pude tomar esa crítica como algo personal, pero por supuesto que no. Tranquilizarlo, enviarle un mensaje de inmediato.

Hace algunos años, lo filmé en su escritorio para mi serie Retratos filmados 2.

He aquí el recuerdo que él eligió contar:

 

Tenía once o doce años, era después de mi primera comunión, era el mes de junio, hacía un tiempo magnífico. Los días eran muy largos, el jardín era espléndido, había flores por todas partes… los escarabajos volaban… y yo era muy feliz, subí a mi habitación, escribí en un pedazo de papel No creo en Dios, lo doblé y lo metí en un tubo de aspirinas, volví a bajar y enterré el tubo. El corazón me latía fuertemente, estaba muy emocionado. Tenía la impresión de haber hecho algo enorme, estaba muy orgulloso.

Traducción de Ernesto Kavi

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