Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

De sir Paul McCartney se puede esperar cualquier excentricidad: un dueto con Katy Perry, que ocupe el puesto de Kurt Cobain en Nirvana y que toque la batería en un álbum de Foo Fighters, matrimonios escandalosos incluidos, sin embargo, a la hora de demostrar de qué está hecho: sus setenta y cinco años lo respaldan.

Aproximadamente a las 9:14 de la noche las luces del Coloso de Santa Úrsula se apagaron y la escudería Macca salió al escenario a recibir la veneración absoluta de un Estadio Azteca sold out. «A Hard Day’s Night» fue un banderazo de salida más contundente que el de la Formula 1 que se había celebrado unas horas antes en el Autódromo de los Hermanos Rodríguez. Y fue el inicio de un viaje por la historia de la música. Capitaneada por uno de sus más grandes protagonistas.

Más que un concierto de Macca se trató de una liturgia en honor a los Beatles. Interpretada por una de las bandas más apabullantes del rock en la actualidad. La segunda curva fue «Save Us», del increíble New, el disco que lanzara en 2003 y que la crítica alabara como uno de los mejores cinco de toda su carrera. El rumbo viró a Wings y hasta aquí todo en orden. Como obedece a un concierto de Macca. Pero entonces la intensidad se apoderó del recinto con «Let me Roll it», la rola más Lennon de Macca.

«I’ve Got a Feeling» fue un deslumbramiento.

No ha sido una canción habitual en el setlist de Macca. Era una pista de lo que se vendría. «Maybe I’m Amazed» surgió como un bálsamo. El condenado momento Macca en el que te desarma y te entregas sin reservas a su arbitrio. Había advertido que tocarían rolas nuevas y viejitas pero bonitas, pero con «We Can Work it Out» quedaba claro que habría más de las segundas. «In Spite of all Danger», la primera rola que grabara The Quarryman fue el máximo homenaje a este viaje al pasado.

«You Won’t See Me», «Love Me Do» y «And I Love her» pusieron al Azteca a rabiar. Aquello se había convertido en una de esas fiestas en las que suenan tus canciones favoritas y de las que no deseas que terminen jamás. «Blackbird» fue otro de esos momentos Macca. Pero no sólo brillaba él. Si alguien se lució fue su banda. Cuyo miembro más honorable es el baterista Abe Laboriel Jr., sobrino de Johnny Laboriel, la garra detrás del «Rock del Angelito».

«Queenie Eye» y «New» de New sirvieron de colchoncito para el arrebato que resultaría «Lady Madonna». «Eleanor Rigby» fue el momento clásico de la noche. «I Wanna be Your Man» rompió el dramatismo y abrió paso al instante lisérgico con «Being for the Benefit of Mr. Kite!». Y es que la banda de Macca lo mismo puede tocar el pop más Rihanna que la pesadez más heavy metalera. «Something», con su intro de ukelele, era la muestra de que se trataba de una noche de paz noche de amor. Lo que menos se sospecha es que en un concierto de Macca afloren las canciones de Harrison. Pero era Paul haciendo las paces con los fantasmas del pasado.

Y luego sucedió el prodigio: «A Day in the Life». Una rola más Lennon que Macca. Con la que abrazó el espíritu de John y dejó claro que las rencillas no ocupaban más su septuagenario corazón. Entonces el concierto se convirtió en un Club de Corazones Solitarios. El de Macca. El del Beatle vivo con más feeling para interpretar estas canciones. Una especie de suite conformada por «Ob la di-Ob la da», «Band on the Run», de los pasajes más guitarreros de la noche, y «Back in the ussr» dieron cabida a «Let it Be». Ya con esto cualquiera hubiéramos salido más que extasiados. Pero para finales, Macca. Y nos esperaba el mejor de todos.

«Live and Let Die» empujó al Azteca a un frenesí emotivo que se atemperó con «Hey Jude», en el que el coloso se hermanó para corear este canto a la universalidad. Entonces Paul se marchó. Para regresar con «Yesterday», que estuvo medio de güeva. Ya la adrenalina estaba muy arriba. Pero el rumbo se recobró con «Sgt Peppers» y sobre todo con «Helter Skelter», donde Macca se lució. A su edad puede pegar de alaridos como cualquier jovenzuelo.

En un punto de la velada Macca mostró su solidaridad para con las víctimas del terremoto. Con una elegancia y un respeto que para nada sonó impostado. Y lo más importante. Sin romper el ritmo del concierto. Una bandera y unas palabras sobrias y auténticas bastaron. Si Macca se echó el Azteca a la bolsa fue con canciones, no apelando al chantaje sentimental.

El broche de oro fue la triada «Golden Slumbers»–«Carry That Way»–«The End», el apoteósico final de Abby Road, que para muchos es el mejor disco de la banda. Y una de las cumbres de la historia de la música. Que se festejó con una ráfaga de fuegos artificiales. No existía mejor lugar en la tierra en el que se pudiera estar. Si algo había definido la noche era el power. Una demostración de músculo de treinta y nueve canciones. Sin duda el concierto del año. Y vaya que unos meses antes los Rolling Stones habían puesto la vara muy alta en el Foro Sol. Pero esta noche Macca había venido a luchar por el puesto del mejor. Y seguro que para muchos lo es.

Carlos Velazquez posa para una foto  en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Written by
No comments

LEAVE A COMMENT

*