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Muslámenes | Abril 2017

Le pregunto a Ducharme si él es Ducharme, pero no me responde. Sonríe misteriosamente y me dice que «las identidades son flores de un día», lo cual no parece significar mucho. Es normal, no voy a presionarlo: nadie ha relacionado ese nombre con ese rostro desde 1965, no tiene por qué abrirse a mí repentinamente. Pese a que actúa de manera un tanto arisca, Ducharme-no-Ducharme me permite caminar junto a él por las calles de Parc Extension. Mientras lo hacemos él perora sobre la deriva del movimiento independentista del Quebec. Un poco a la manera de sus personajes en L’hiver du forcé, Ducharme-no-Ducharme articula opiniones sobre el Front de Libération du Québec, la guerrilla marxista leninista, organizada en células, que sembró el terror en los años sesenta del pasado siglo y que se hizo célebre por secuestrar, en 1970, a un diplomático inglés. El viejo parece tener información privilegiada y un tanto improbable sobre el movimiento. Dice, entre otras cosas, que un miembro prominente del FLQ terminó siendo paciente (o víctima, más bien) del psiquiatra escocés Donald Ewen Cameron, de la Universidad de McGill.

Cameron fue el responsable de la vertiente canadiense del MKULTRA 68, el programa de estudios psiquiátricos patrocinado por la CIA para descubrir nuevos métodos de interrogación y tortura psicológica. Desde su laboratorio en la principal universidad anglófona de Montreal, se convirtió en la mente maestra que tomó algunos de los postulados de John C. Lilly y los desvió de su función original para aplicarlos con fines malévolos: empezó a usar los tanques de aislamiento sensorial (que ahora sólo existen en los spas) y el LSD como contexto de brutales interrogatorios. Ducharme me explica que después de que el FLQ atentara contra la Universidad de McGill en mayo de 1963, los miembros de la célula responsable pasaron a estar en la mira del psiquiatra. Si Cameron lograba secuestrar a alguno de ellos, tendría un conejillo de indias perfecto para sus experimentos: un desviado social al cual podría extraerle información mediante la simpática técnica de meterlo en un tanque de agua con sales, completamente oscuro, bajo el efecto del ácido lisérgico. En noviembre de 1965, durante la cúspide de la exaltación separatista, Cameron recibe en su laboratorio de McGill, a las 3 de la mañana, una visita: un miembro de los servicios de inteligencia canadiense infiltrado en el FLQ le entrega, como parte de un acuerdo entre la CIA y el gobierno de Pearson, a un golpeado y amordazado revolucionario separatista. Durante los siguientes meses, Cameron se dedica a refinar en él sus técnicas de tortura psicológica, mediante experimentos con drogas alucinógenas, frecuentas de radio, terapia de choque y tanques de aislamiento. Una vez que obtiene la información y los datos científicos que busca, Cameron libera al revolucionario en el cerro del Mont Royal durante una fría madrugada de marzo del 66.

Ducharme-no-Ducharme termina de contarme la historia y prende un cigarro que fuma con poca pericia, tosiendo, como si hubiera decidido empezar a fumar en ese mismo instante. Se despide de mí con la indicación de que no lo siga ni vuelva a buscarlo (lo cual me desconcierta, pues no lo busqué en un inicio). «¿Por qué me contaste la historia del guerrillero y el psiquiatra?», le pregunto. Y su respuesta, aunque endiabladamente precisa, me parece enigmática: «Porque es tu deber encontrar a aquel viejo guerrillero, en los sótanos de las iglesias de esta maldita ciudad».

daniel-saldaña-paris

Daniel Saldaña París (Ciudad de México, 1984) escribe narrativa y poesía, autor del libro “En medio de extrañas víctimas” (2013, Sexto Piso).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto de olavXO en @Flick

 

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