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Muslámenes | Febrero 2017

Camino por las calles de Montreal sin rumbo fijo, por el barrio de Parc Extension: enormes terrenos baldíos, fábricas abandonadas, galpones oxidados y ocasionales restaurantes de comida étnica. El olor del curry mezclándose con el aroma dulzón del crack cocaine y algunos grafitis de tintes neosituacionistas me reciben («¿Qué estás buscando?», preguntan las paredes).

Mi abuso de la sustancia controlada de nombre comercial Protax me insufló pesadillas de corte sexista-paranoico, ahora lo sé. En los periódicos de todo el Quebec se habla de casos parecidos: sobredosis de Protax en las calles con la funesta consecuencia de una epidemia de alucinaciones misóginas que no siempre (pero sí repetidamente) involucraban la presencia de famosos inventores de los siglos xix y xx. La prensa recupera testimonios de algunos adictos afectados: «Creí que Nikola Tesla y las Pussy Riot enviaban señales telepáticas a mi cerebelo», «Pasé cuatro días convencido de que John C. Lilly y Femen estaban detrás del movimiento separatista de New Brunswick», «Me convencí de que John R. Brinckley, pionero pro nazi de la radio en Ciudad Acuña, había reencarnado en Madonna». Me entristece comprobar que mi caso, que hasta hace poco consideré tan único, es en realidad una estadística, una nota al pie en la historia de la farmacodependencia y la psicosis colectiva quebequense.

Pero ahora estoy desintoxicado, y la febril sucesión de personajes improbables que hasta hace poco poblaba mi devastada psique ha dado paso a una especie de ligera calma: eso que los expertos en rehabilitación denominan la «nube rosa» (un aura de bondad y belleza que parece rodear al dependiente una vez que ha superado las largas jornadas de la cruel abstinencia).

No sé qué está pasando en Parc Extension, pero muchos habitantes del barrio parecen haber sacado sus muebles a la calle. En una banqueta encuentro un sillón color mamey con una inscripción en el respaldo.

Mientras contemplo el improbable hallazgo, un viejo camina lentamente hasta el sillón y se recuesta sobre su gastada tela, dejando su sombrero a un lado, en el piso. En un primer momento pienso que se trata de un clochard más, como los muchos que arrastran las botas disparejas por las calles de Parc Extension, pero luego me acerco hasta el sillón y me parece ver un rostro vagamente conocido debajo de su descuidada barba. ¿Será la persona que imagino o es esto una secuela más de mi consumo de Protax, de mis alucinaciones relacionadas con Buckminster Fuller y las vestales sadomasoquistas de los sótanos gubernamentales? ¿Será el clochard de Parc Extension quién yo creo? ¿Será verdaderamente Rejéan Ducharme?

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Daniel Saldaña París (Ciudad de México, 1984) escribe narrativa y poesía, autor del libro “En medio de extrañas víctimas” (2013, Sexto Piso).

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