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Cuando, comentando una noticia de un periódico local (con el titular «El puerto de Barcelona pasará a formar parte del mundo Disney»), escribía acerca de la disneyzación de la cultura, poco podía imaginar entonces que, en medio de esta contienda entre los gobiernos de Cataluña y del Estado Español, el mismo puerto sufriría el contraataque de la Warner Bros y se desencadenaría la piolinización del procés [dícese del proceso de independencia].

Todo empezó cuando llegó el Moby Dada, uno de los cruceros fletados por el Ministerio del Interior para hospedar a policías y guardias civiles con el objetivo de impedir el referendum en Cataluña el día 1 de octubre. El Moby Dada, perteneciente a la empresa italiana Moby Lines, cuenta con quinientos camarotes para 1638 pasajeros, varios restaurantes, salas de videojuegos, tiendas, solarium, y todo decorado con los personajes de los dibujos animados de Looney Tunes, de Warner Bros. En el lado del casco que mira a la ciudad de Barcelona aparecen imponentes las figuras del Gato Silvestre, Piolín, El Pato Lucas y El Coyote. Más allá de la perplejidad suscitada porque semejante navío hospede a las fuerzas de seguridad, en seguida Piolín —ese pobre canario indefenso—, levantó las simpatías de los ciudadanos y de los medios de comunicación. La imagen del navío junto a los vehículos de las unidades llegadas para la intervención policial traspasó fronteras, llegando hasta los despachos de Warner Bros. Allí se consideró que sus imágenes no podían ir asociadas a un tema tan poco lúdico como un despliegue policial e instaron a la empresa italiana a romper su con- trato con el gobierno español. Ante la negativa de ésta, reclamaron que se taparan sus personajes con unas lonas, lo que se llevó a cabo no sin poca dificultad. Como si de una operación militar se tratara, en el día señalado el viento no era favorable y el resultado no fue impecable. Piolín aparecía de soslayo.

Semejante acción desató una campaña en las redes sociales que, con la etiqueta #freepiolin, en pocos minutos se convirtió en tendencia. Por las calles se dejaron ver pasquines con la silueta de Piolín amordazado. Después, las quejas de los policías cuyos camarotes fue- ron afectados, junto al viento que se empecinaba en conseguir la libe- ración del famoso canario ganaron esa batalla y la lona fue retirada.

A estas alturas, se preguntarán de dónde viene esa simpatía por Piolín en Cataluña. Se podrían ofrecer diversas respuestas, ya sean de corte psicoanalítico o simplemente viral, es decir, de esos nuevos virus que ahora forman parte de nuestro laboratorio global. Pero,
a esas respuestas habría que añadir cuando menos dos hechos que, sin embargo, parecen haber sido olvidados por los medios de comunicación y propagación. El primero se remonta a 2005, cuando el diseñador catalán David Dalmau, fundador junto a su hermano de la firma de moda Custo estampó a Tweety —nombre original de Piolín— en sus prendas, sin el permiso de Warner Bross. Ante la denuncia de la firma norteamericana, la guardia civil requisó hasta dieciocoho diseños en los que aparecía el canario. El segundo sucedió en la temporada 2008-2009, cuando el Barça presentó su segunda equipación calificada por la prensa deportiva como «amarillo pio- lín». Así que los futbolistas y sus seguidores se vistieron de canario.

Después de estos hechos, que el Moby Dada trajera de nuevo a Piolín a la ciudad en un momento como éste, era casi obligado. Sin duda Piolín trae un mensaje que remite a su primera aparición en pantalla en 1942, con Historia de dos gatitos. En esa época no se llamaba así ni estaba en una jaula, y no era ningún canario indefenso.

En 2017 desconocemos por el momento qué Piolín es el que ha llegado, pero sabemos que aquí, en el puerto de Barcelona, seguimos asistiendo a otra Historia de dos gatitos que no encuentra aún su final.

Carmen Pardo

CARMEN PARDO ES DOCTORA EN FILOSOFÍA POR LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA Y HA SIDO INVESTIGADORA RESIDENTE POSTDOCTORAL EN LA UNIDAD IRCAM-CNRS DE PARÍS. ACTUALMENTE ES PROFESORA DE HISTORIA DE LA MÚSICA EN LA UNIVERSIDAD DE GIRONA Y FORMA PARTE DEL PROFESORADO DEL MÁSTER EN ARTE SONORO DE LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA.

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