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Poesía | Andrés Sánchez Robayna

Fragmento I

 

París, el abril cruel, mil novecientos

setenta y seis, un viento repentino

se enreda entre los árboles grisáceos

de la Place Saint-Michel y gira brusco,

agita con sus brazos desceñidos

el mechón de la lluvia

sobre los adoquines y los muros.

De pronto, las terrazas se despueblan,

en las pequeñas mesas circulares

hay un reflejo extraño, inesperado,

enmudecen las voces y los ruidos,

un silencio que viene

de más allá del viento

envuelve las aceras y los toldos,

fluye sobre las casas, los tejados

de pizarra, y se adentra oscuramente

en lo visible. Escucha el viento súbito

rasgar el tornasol de la apariencia,

atravesar la tarde, traslucir

el fundamento y destejer el tiempo,

es lo desconocido que penetra

de pronto en el ahora y lo entreabre

y caemos en él como en un foso

de silencio y quietud, en la piedad

del tiempo, mientras llueve, mientras vemos

el agua golpear los adoquines,

ondularse los toldos bajo el viento

y el instante entregarse a la ceniza.

 

Fragmento II

 

Vuelvo a verte en el sueño, a hablar contigo,

me llamas con palabras que sonríen,

a unos pasos la noche se disuelve,

ahí afuera, en la grava sigilosa,

y renace el jardín con el rocío.

Mira, el manzano ha dado nuevo fruto,

el mar reposa abajo y se consagra

a las nubes que cruzan, las aguas centellean

en este nuevo vuelo de la reminiscencia.

 

Te vas y estás presente, y otra vez

llevas tu mano suave hasta los mangos,

toco contigo el fruto, es como si los árboles

buscasen ese tacto, como si,

sosegada, la piel del mundo ansiara

ofrecerte su entraña, y el deseo

de su pulpa entregarse a ti, tan viva

como lo más viviente, sin asomo

de finitud, presencia ardiente, pura.

 

Regresas a mis ojos, a mis manos,

el sueño se entreabre a la presencia,

nada se ha roto, voy hasta tus ojos

que me contienen, mientras la cadena

del ser vuelve a enlazarme a ti sin término,

las olas allá abajo recomienzan

sin fin también, de nuevo rompe el alba,

todo se abre una vez más, resuena

la grava, el sol revive, el cielo gira.

 

 

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