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¿Por qué el racismo antiblanco no existe?* | Rokhaya Diallo

Los comentarios hechos en el videoclip de ese rapero, de quien probablemente nadie conocía su existencia antes de la polémica, son de una violencia difícilmente sostenible. Aunque el autor invoque la ficción, la reversión del estigma, me resulta difícil ver otra cosa que no sea la escalofriante puesta en escena de una escalada criminal abominable. En cualquier caso, e independientemente de este videoclip, una cosa es cierta: los negros pueden albergar sentimientos de odio contra los blancos.

Sin embargo, este fenómeno no puede ser descrito como racismo.

¿Por qué?

El racismo es un sistema producido por la historia de diferentes dominaciones ancestrales. El racismo actual es la consecuencia de siglos de opresión, esclavitud, colonización, teorías raciales que han colocado a los blancos en la cima de la escala humana. Francia llegó a codificar el estatus de los esclavos negros y los redujo al rango de bienes, y el de los nativos de las colonias (de los cuales mis propios padres formaban parte) al de súbditos de la república, de ciudadanos de segunda. Es desde esta historia, no tan lejana, de donde fluye el racismo experimentado por los descendientes de esclavos y colonizados.

Las personas blancas nunca han estado preocupadas por políticas opresivas que favorecían a minorías no blancas simplemente por su color. Nunca han sido objeto de teorías raciales que los designaran como seres inferiores y que se tradujeran en prácticas institucionales. Cierto es que los blancos extranjeros pueden estar expuestos a la xenofobia, incluso los blancos han sido esclavizados en el pasado y los judíos blancos han experimentado la tragedia del genocidio y el racismo. Nadie puede negar estos horrores. Sin embargo, nunca se ha hecho debido a su color de piel blanca, los judíos no eran considerados como blancos en la ideología nazi.

El hecho de ser blanco no supone una desventaja ni en Francia, ni en la mayoría de los países (ni siquiera en África, en donde los blancos dominan a los negros en los planos económico y social). Los prejuicios contra los blancos se caracterizan por el hecho de que son vividos en un plano individual: entre las personas blancas no existe ningún sentimiento colectivo de opresión. Rara vez piensan en la idea de que puedan sufrir una injusticia debido a su color de piel, del que también son poco conscientes.

Cuando estos prejuicios se expresan en contra de ellos, generalmente son el resultado de palabras o actos aislados. A diferencia de las minorías, esto no es parte de un proceso de repetición o de un sistema nacional. Ser blanco no impide el acceso a bienes o servicios. Los blancos que buscan un apartamento o un trabajo no temen ser rechazados sólo por el color de su piel. Es raro que a uno se le prive de oportunidades porque es blanco. Finalmente, en un país como Francia, ser blanco nunca induce a cuestionar la pertenencia nacional.

Independientemente de su grado de estigmatización, nunca se presume que los blancos son extranjeros, y su ciudadanía no es cuestionada por el racismo. En general, el hecho de ser blanco no está asociado en la imaginación colectiva francesa con características degradantes. La intimidación racista crea, en algunos, complejos de inferioridad o sentimientos de ilegitimidad entre los no blancos, así como un deseo de parecerse a la mayoría; dudo que los blancos experimenten en las mismas proporciones ese tipo de deseo.

Cuando uno pertenece a una minoría en Francia, es imposible escapar del racismo. No siempre se traduce de la misma manera: puede expresarse en el marco desagradable de un control policial injustificado, violentamente durante una agresión o tomar la forma más ligera de una broma. Es imposible que alguien no se haya referido en un momento u otro al hecho de que uno no es blanco. Si bien es cierto que no conocemos la proporción de blancos que están expuestos a prejuicios relacionados con su color, también lo es que la mayoría de los blancos de Francia no lo sufren. Muchos de ellos nunca han frecuentado a las minorías.

La discriminación y el prejuicio pueden venir de cualquier persona, pero el racismo, como producto de una historia de dominación, es necesariamente la combinación de poder y privilegio. No existe un equivalente entre el racismo histórico y sistémico perpetuado en parte por instituciones contra poblaciones colectivamente disminuidas, y la discriminación contra personas blancas que, aunque son reprensibles, se cometen a niveles individuales. El racismo se enmarca no sólo en una dimensión interpersonal sino también, a diferencia de la discriminación y los prejuicios, en dimensiones estructurales (a veces indirectas de las prácticas pasadas) e institucionales o sistémicas. A esto se suman las manifestaciones relacionadas con el género, la clase social, la orientación sexual, la discapacidad, la edad u otros factores.

Incluso expuestas a la intimidación racial, las personas blancas, aparte de las eventuales interacciones violentas, e intolerables, repito, no se ven reducidas a su color de piel. Mientras que las minorías étnico-raciales son el objetivo del racismo proteico, difuso, permanente y sin lagunas legales, ya que la sociedad en su conjunto las reduce.

¿Alguna vez hemos visto a una figura pública hablar en contra de los blancos en los medios? No. Sin embargo, las minorías están constantemente expuestas a comentarios racistas por parte de intelectuales o figuras políticas. Por lo tanto, me sumo voluntariamente a las voces que denuncian las invectivas contra los blancos y me solidarizo con cualquier persona que sea víctima de la violencia por su color de piel, sea el que sea. En ningún caso negaré su angustia. Sin embargo, no mantendré esta confusión tan conveniente para nuestras políticas: el racismo no es la suma de innobles actos aislados, es una ideología que opera de manera sistémica y hoy aún mata. Sin causar la misma controversia.

Traducción de Hero Suárez

* El texto se enmarca en el reciente debate francés surgido tras la publicación de un videoclip del rapero Nick Conrad, titulado Pendez les Blancs, quien fue acusado por una parte de la opinión pública de racismo antiblanco y que finalmente ha sido procesado por la justicia francesa por cantar: «Voy a guarderías, mato a bebés blancos / Atrápalos rápidamente y cuelga a sus padres / Difunde las imágenes para divertirte / Entreteniendo a niños negros de / todas las edades, jóvenes y viejos / Azótalos, hazlo con franqueza / Ahorca a los blancos / Ahorca a los blancos».

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